Los retos en línea en los que participaba Sergio Jiménez Ramos, conocido en las redes como Sssanchopanza, y que ahora investigan los Mossos para saber si se cometió algún tipo de delito, no se hacían en canales públicos ni accesibles a todo el mundo. Según la información facilitada por la familia y fuentes conocedoras del caso, se trataba de encuentros digitales privados y de pago, organizados mediante enlaces a videollamadas cerradas. El funcionamiento era relativamente sencillo: los interesados abonaban una cantidad fija para acceder a una sesión sin límite de tiempo, en la que el protagonista aceptaba retos propuestos o validados por los espectadores.

Estas propuestas consistían, principalmente, en consumir drogas y alcohol ante la cámara, que pagaba con el dinero que recibía de los macabros voyeurs, mientras los asistentes observaban, comentaban y presionaban para que el reto continuara por un puro disfrute personal, sin tener en cuenta, evidentemente, el daño que podían causar al hombre que, tras la cámara, en su casa, y en este caso desde el domicilio de su madre, en Vilanova i la Geltrú, consumía cocaína y whisky.

La promoción de estos shows inmorales se hacía a través de grupos de Telegram, espacios digitales donde se compartían los enlaces minutos antes de comenzar la videollamada; una tradición importada de otros países, sobre todo de los Estados Unidos, pero también con fuerte arraigo en el submundo digital europeo. En estos canales, según se ha podido comprobar, el ambiente era muy tóxico, con comentarios despectivos, burlas y una dinámica que empujaba a los participantes a asumir riesgos cada vez más graves para mantener la atención y, sobre todo, los ingresos. Cabe recordar que hace pocos meses un hombre murió en Francia en un reto similar, después de ser apaleado en directo también a cambio de dinero.

Black Mirror

En el caso concreto de Jiménez, el joven de 37 años fallecido la noche del 30 al 31 de diciembre en Vilanova i la Geltrú, el reto final habría implicado la ingesta de una gran cantidad de alcohol y drogas en un período muy corto de tiempo, un hecho sumado a que el joven estaba en tratamiento psiquiátrico por problemas de adicción. Cuando su estado empeoró, no consta que nadie de los que seguían el directo activara ningún protocolo de emergencia ni diera la alerta inmediata; al contrario, según los familiares, cuando accedieron a la habitación y lo encontraron en el suelo, oían por los altavoces cómo un desconocido seguía gritando que continuara con el reto por el que habían pagado. La deshumanización en estado puro. Cuando la ficción de Black Mirror supera la realidad. Este funcionamiento, basado en el anonimato y la falta de control, es ahora uno de los elementos que analizan los Mossos de la comisaría de Vilanova i la Geltrú para aclarar qué pasó.