Una vez pasadas las fiestas navideñas, y antes de que llegue el buen tiempo y el verano, muchos catalanes se encuentran en plena "operación bikini". En una sociedad donde la presión estética se multiplica a través de las redes sociales, hay muchas personas que están desesperadas por conseguir resultados inmediatos, haciendo cualquier cosa para perder los kilogramos que les sobran en tiempo récord. Esta vulnerabilidad, provocada por la imagen y la necesidad extrema de tener un cuerpo normativo, es la diana perfecta para muchas bandas criminales que se dedican a hacer ciberestafas de supuestos medicamentos que ayudan a perder como si se tratara de un milagro.
Esto ya no es un peligro en cuanto a la estética, sino también para la salud pública. Hace tiempo que los expertos han detectado un aumento de personas que toman medicamentos que no necesitan porque hay estafas que los relacionan con perder peso. Es el caso del Ozempic, un fármaco diseñado principalmente para la diabetes, pero solicitado por pacientes que quieren perder peso. Esto provoca que haya mucha demanda de este medicamento y que, en consecuencia, las farmacias a veces no lo tengan. Aquí es donde se aprovechan los ciberladrones: con este desabastecimiento, crean páginas web falsas o perfiles en las redes sociales, prometiendo envío rápido sin necesidad de receta médica.
El producto nunca llega
El engaño muchas veces empieza con páginas web idénticas a las que suplantan, con logotipos e imágenes reales de laboratorios reconocidos, para ganarse la confianza del consumidor. Una vez la persona realiza el pago —normalmente a un precio mucho más elevado del real—, el producto nunca llega. Hay casos, sin embargo, que el resultado es más peligroso: el cliente recibe en casa una falsificación del medicamento. Los expertos alertan de la peligrosidad de estos fármacos porque no tienen el principio activo real, sino sustancias peligrosas que pueden llegar a causar la muerte.
