La desaparición de Janet Jumillas, vecina de Viladecans de 39 años y madre de dos hijos, se convirtió en uno de los casos más impactantes y mediáticos del área metropolitana de Barcelona y este lunes se ha convertido en un nuevo capítulo de Crims, en TV3, la serie de true crime de Carles Porta que repasa la crónica negra de Cataluña. Con el paso de los años, el rompecabezas que durante semanas desconcertó a investigadores y familia ha quedado reconstruido casi del todo: una desaparición que desde el primer momento no cuadraba y que acabó confirmando el peor escenario.

Una desaparición que nunca fue voluntaria

Janet Jumillas tenía 39 años y vivía en Viladecans con su madre y sus dos hijos. Estaba en el paro y pasaba por dificultades económicas, pero buscaba trabajo y se hacía cargo de los menores con responsabilidad. Precisamente este sentido del deber fue la primera señal de alarma: nada hacía pensar que pudiera desaparecer voluntariamente.

El 13 de marzo de 2019 dejó a los hijos en la escuela a las nueve de la mañana, como cada día. Los tenía que ir a recoger a la una del mediodía, pero no se presentó ni avisó. Aquella misma mañana se desplazó con su Renault Mégane blanco hasta Cornellà de Llobregat, donde hizo unas gestiones en Hacienda que después se comprobó que se habían llevado a cabo.

A las 11:08 envió un mensaje a su sobrino de 17 años, con quien solía desayunar, para quedar al cabo de media hora. Pero nunca más dio señales de vida. Horas más tarde, preocupado, el joven empezó a enviarle mensajes de manera insistente. Los familiares también lo intentaron sin éxito. El teléfono de Janet continuó recibiendo mensajes hasta las 16:34 del día siguiente, momento en que se apagó —o alguien lo apagó.

Desde un primer momento, los Mossos d’Esquadra descartaron una huida voluntaria. Su situación personal, el hecho de haber dejado a los hijos en la escuela y la falta de movimiento bancario reforzaban esta hipótesis. Además, las primeras pistas —como la localización de su coche y restos de sangre— apuntaron rápidamente a un escenario violento.

familia janet jumillas
Familia de la Janet Jumillas

La investigación: una pista de 50 euros

Los Mossos reconstruyeron la vida de Janet al dedillo. Analizaron su entorno, sus relaciones y su situación económica, marcada por una cuenta corriente casi vacía. Ninguna de sus exparejas presentaba antecedentes ni indicios de riesgo, y la familia nunca sospechó de ellos. Una pista aparentemente menor acabó siendo clave: un hombre le debía 50 euros. Este detalle, corroborado por testimonios, puso el foco sobre Aitor Garcia P., un hombre de Cornellà con quien la víctima mantenía relación.

El día de la desaparición, Janet lo llamó hasta cuatro veces, desde las ocho y media de la mañana. La última llamada, a las diez y media, duró 54 segundos. No hay ningún registro posterior. Entre enero y marzo habían intercambiado decenas de llamadas, pero a partir de aquel día, silencio absoluto. Para los investigadores, esto tenía una explicación clara: Janet ya estaba muerta y Aitor lo sabía. Él la había matado.

El principal sospechoso

Aitor Garcia P., de unos 33 años en aquel momento, era originario del Prat de Llobregat y hacía poco que se había instalado en Cornellà con su pareja. Tenía antecedentes por drogas, pero ninguno por delitos violentos. Había trabajado en varios oficios, el último en una nave de Amazon, de donde había sido despedido hacía poco.

Inicialmente, fue detenido y posteriormente dejado en libertad, pero bajo vigilancia. Durante este seguimiento, los Mossos detectaron movimientos sospechosos: pocos días después de salir de comisaría, Aitor lanzó varias bolsas blancas a un contenedor. Cuando los agentes las recuperaron, encontraron pruebas clave: el cristal de las gafas de Janet y fregonas con restos de sangre de la víctima. Este descubrimiento permitió obtener una orden de registro del domicilio.

El piso de Cornellà: escenario del crimen

En el interior del piso, los investigadores encontraron más restos biológicos y evidencias de que alguien había intentado limpiar la escena con lejía. También se detectaron paredes repintadas para ocultar rastros.

Agentes de los Mossos en casa de Aitor
Agentes de los Mossos en casa de Aitor

Aitor volvió a ser detenido. También fue arrestado un amigo suyo, Cristian K.M., de 23 años, como posible encubridor, ya que aparecía con él en las imágenes tirando las bolsas. Aun así, quedó en libertad con cargos. A pesar del peso de las pruebas, Aitor nunca ha colaborado con los investigadores ni ha explicado qué hizo con el cuerpo. Durante semanas, el caso se sostuvo sin el cuerpo de la víctima. Los Mossos estaban convencidos de que Janet había sido asesinada, pero sin el cadáver era muy difícil cerrar el círculo probatorio. La familia vivía en una incertidumbre devastadora.

El hallazgo clave: el cuerpo en El Prat

El caso dio un giro definitivo el 21 de mayo de 2019. Dos operarios que desbrozaban una finca en El Prat de Llobregat localizaron el cuerpo sin vida de Janet, envuelto en una manta y casi en superficie, en una zona próxima a una autovía.

A pesar del avanzado estado de descomposición, se pudo identificar a la víctima. Las condiciones del cadáver evidenciaban que llevaba semanas en el exterior. La autopsia confirmó una muerte violenta: había sido atacada por la espalda y presentaba heridas mortales en el cuello y en la cabeza, compatibles con el uso de diversas armas blancas. Nuevas inspecciones reforzaron aún más la tesis del crimen: telas, una cortina de baño, una red de protección y un toldo similares a los utilizados para envolver el cuerpo, así como un cordel con cabellos de la víctima. Todo apuntaba a que Janet había sido asesinada el mismo el 13 de marzo en el piso de Aitor.

foto aitor gos janet jumillas
Aitor Garcia P. con su perro

Condenado a diecisiete años de prisión

El caso quedó definitivamente cerrado en los tribunales con la sentencia de la Audiencia de Barcelona, que en el año 2023 condenó a Aitor Garcia P. a 17 años de prisión por el asesinato de Janet Jumillas —por debajo de los 19 que solicitaba la Fiscalía.

El jurado popular, por unanimidad, consideró probado que el acusado citó a la víctima en su domicilio de Cornellà con la intención de matarla y la atacó por sorpresa, sin posibilidad de defensa. El posible móvil, según la investigación, podría estar relacionado con la deuda de 50 euros.

Además de la pena de prisión, el tribunal impuso a Aitor Garcia P. el pago de 488.000 euros de indemnización a la familia y cinco años de libertad vigilada una vez salga de prisión. También se le prohibió acercarse a menos de 1.000 metros de los hijos, padres y hermanos de la víctima durante 27 años.

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