El 7 de junio de 1926, ahora hace cien años, parecía un lunes cualquiera en Barcelona. Antoni Gaudí, a punto de cumplir 74 años, pasó buena parte del día en la Sagrada Familia, el templo que había acabado absorbiendo su vida, su fe y su genio. Ya no era aquel arquitecto reconocido por las grandes familias burguesas de la ciudad, sino un hombre austero, de rutinas fijas, vestido con sencillez y entregado casi en exclusiva a la obra que consideraba la misión de su vida. Aquella tarde, como hacía casi cada día, salió hacia la iglesia de Sant Felip Neri, al lado de la catedral, donde acostumbraba a ir a confesarse y a rezar.
Hacia las seis de la tarde, Gaudí caminaba por el centro de Barcelona. Iba solo, abstraído, quizás pensando en algún detalle constructivo de la Sagrada Familia o simplemente inmerso en aquel silencio interior que le había acompañado los últimos años. Bajando por la calle de Bailèn, cruzó la calzada. Vio venir un tranvía en dirección Besòs y dio un paso atrás para esquivarlo. Pero no se dio cuenta de que, en sentido contrario, se acercaba otro convoy: un tranvía de la línea 30. El impacto fue brutal. El arquitecto cayó al suelo, gravemente herido.
Gaudí, trasladado todavía vivo
Aquel hombre tendido en la Gran Via no fue reconocido. No llevaba documentación y su aspecto pobre hizo que muchos lo tomaran por un indigente. Con el paso de los años se ha repetido a menudo que nadie lo quiso ayudar, pero la realidad es más matizada: sí que recibió asistencia, a pesar de que inicialmente nadie sabía que aquel herido era Antoni Gaudí. Un agente de la Guardia Civil detuvo un taxi y lo obligó a cargar a aquel hombre malherido. Primero fue trasladado a una casa de socorro de la ronda de Sant Pere y, después, al Hospital de la Santa Creu, en el Raval, un centro que atendía a enfermos pobres y personas sin recursos.
El diagnóstico era muy grave. Gaudí presentaba varias costillas rotas, contusiones, hemorragias internas y una conmoción cerebral. La primera noche, mientras él agonizaba sin nombre en una sala del hospital, en la Sagrada Familia empezaron a inquietarse. El arquitecto no había vuelto. Aquel retraso no encajaba con un hombre de costumbres tan precisas. A medida que avanzaban las horas, la preocupación creció entre sus colaboradores y discípulos.
Identificado: era Antoni Gaudí, el arquitecto
Al día siguiente, el 8 de junio, se confirmó la identidad del herido. Aquel hombre atropellado era Antoni Gaudí. La noticia corrió rápidamente por los círculos religiosos, artísticos y sociales de Barcelona. De repente, el desconocido ingresado en el Hospital de la Santa Creu dejó de ser un herido anónimo y se convirtió en el maestro de la Sagrada Familia, el autor de la Pedrera, la Casa Batlló, el Park Güell y tantas otras obras que habían transformado para siempre el paisaje de la capital de nuestro país. Los médicos, sin embargo, poco podían hacer. Su estado ya era crítico. Durante aquel segundo día, amigos, discípulos, arquitectos y religiosos empezaron a pasar por el hospital. Gaudí, muy debilitado, fue instalado en una habitación individual. Le ofrecieron trasladarlo a otro hospital, pero se negó asegurando que debía estar allí, junto a los más humildes. La ciudad empezaba a estar pendiente de su evolución, pero el pronóstico era cada vez más pesimista.

El 9 de junio, los diarios ya destacaban la gravedad de su estado. Barcelona sabía que Gaudí luchaba entre la vida y la muerte. En el Hospital de la Santa Creu, las visitas se sucedían con discreción. Junto a la cama pasaban personas que habían compartido con él años de trabajo, fe y obsesión creativa. Pero las lesiones eran demasiado graves. El cuerpo del arquitecto, envejecido y castigado, no respondía. Todo el mundo se preparó para el final.
Última noche de Antoni Gaudí
La tercera noche fue prácticamente definitiva. Las noticias que salían del hospital eran cada vez peores. La mañana del 10 de junio, Gaudí entró en la fase terminal. A mediodía, ya parecía claro que las heridas eran irreversibles. Por la tarde, la tensión era máxima en el hospital. Pocos minutos después de las cinco, Antoni Gaudí murió. Según el cronograma reconstruido de aquellas últimas horas, la muerte se produjo a las cinco y ocho minutos del 10 de junio de 1926, después de 78 horas de agonía desde el atropello del tranvía de la línea 30 en medio de la ciudad.
La noticia se extendió rápidamente por Barcelona. Había muerto el hombre que había consagrado los últimos años de su vida a levantar un templo que todavía estaba muy lejos de terminarse. Gaudí no pudo ver culminada la Sagrada Familia, pero quedó unido a ella para siempre. Su entierro, dos días después, fue uno de los más multitudinarios que recordaba la ciudad, a pesar de no tener carácter oficial. Fue atropellado solo, pero despedido acompañado de cientos de personas. El cortejo salió del Hospital de la Santa Creu, pasó por la catedral, donde se celebró la ceremonia religiosa, y finalmente llegó a la Sagrada Familia.
El entierro de Gaudí, hace 100 años
Allí, en la cripta del templo, fueron enterrados sus restos. Desde entonces, Antoni Gaudí reposa bajo la obra que lo devoró y lo inmortalizó. Cien años después, aquel atropello sigue siendo uno de los episodios simbólicos de la historia de Barcelona: la muerte casi anónima de un hombre que, con el tiempo, acabaría convirtiéndose en una de las figuras más universales de la ciudad. Todavía hoy, el cruce donde fue atropellado puede pasar desapercibido entre el tráfico, los semáforos y la prisa cotidiana del Eixample. Justo cuando se conmemoran los 100 años de la muerte del arquitecto nacido en la Riera de Maspujols, en el término de Riudoms, se ha instalado una placa de recuerdo en el lugar exacto donde fue atropellado el magnífico arquitecto Antoni Gaudí. Esta semana el Santo Padre, León XIV, bendecirá la torre de Jesús, una de las culminaciones de la basílica de la Sagrada Familia, aprovechando el viaje apostólico que realiza al Estado español, que pasará por Madrid, Barcelona y las Canarias.

Las últimas horas de Antoni Gaudí en ElCaso.cat
Para recordar el atropello que finalmente puso fin a la vida de Antoni Gaudí, en ElCaso.cat, hemos publicado, bajo la tutela histórica del historiador del arte y divulgador Damià Amoròs, este artículo y una serie de publicaciones en Twitter —ahora le llaman X— emulando cómo habría sido, haciendo un ejercicio de presentismo, aprovechando las redes sociales, el relato en directo de este hecho histórico. En un primer momento poco se sabía de los hechos y quién era aquel hombre que fue atropellado. Más tarde, al echarlo de menos, todo el mundo ató cabos. A este tuit le seguirá un hilo que irá explicando cómo se fue conociendo el triste final del arquitecto más universal de nuestro país.
🔴🔴 #ÚLTIMAHORA Un hombre ha sido atropellado por un tranvía de la línea 30 esta tarde en #Barcelona, en Gran Via con la calle de Bailèn. Según las primeras informaciones, está muy grave. #AnyGaudíhttps://t.co/HmsFLjcGXm
— ElCaso.cat (@elcasocat) June 7, 2026