Intentar vender una casa y encontrarla ocupada el día antes de firmar. No es un caso aislado, pero lo que pasó este lunes, 4 de mayo, en la calle de Francesc Macià de Sant Quintí de Mediona, en el Alt Penedès (Barcelona), pone negro sobre blanco cómo funciona un negocio paralelo que vive de la presión y el miedo de los propietarios. Según ha podido saber ElCaso.com, una familia de etnia gitana ocupó una vivienda que se tenía que vender al día siguiente, conocedora de que la operación estaba a punto de cerrarse. Los okupas —un grupo de cinco personas— exigieron 3.000 euros para irse inmediatamente. “Me dan 3.000 euros y me voy ahora mismo, yo vivo de eso”, dijo una de las mujeres, evidenciando que no se trata de ninguna ocupación por necesidad, sino de un mecanismo de extorsión calculado y que no es la primera vez que hacían.

Los hechos ocurrieron hacia las tres y media de la tarde, cuando los Mossos d’Esquadra recibieron el aviso de que un grupo acababa de entrar en un inmueble del número 20 de esta calle. Las primeras patrullas llegaron rápidamente e identificaron a los ocupantes, que en un primer momento se negaron a abandonar la vivienda. La situación era delicada: si la casa no quedaba liberada, la compraventa prevista para el día siguiente podía saltar por los aires, un escenario que a menudo empuja a los propietarios a pagar el dinero que piden los extorsionadores para evitar perder la operación.

A diferencia de otros episodios similares, la policía catalana no se marchó del lugar. Una patrulla se quedó durante toda la tarde en la puerta del inmueble, controlando la situación y evitando que se consolidara la ocupación, a la espera de poder actuar con más efectivos. Finalmente, con la llegada de agentes de la ARRO —que estaban movilizados en otro dispositivo en Esplugues de Llobregat— se preparó la entrada. Ante el despliegue policial, sin embargo, los ocupas optaron por dar marcha atrás. Sin incidentes, abandonaron voluntariamente la vivienda después de un servicio que se alargó cerca de cuatro horas. La casa quedó liberada y la venta se podrá formalizar sin más impedimentos.

Extorsión disfrazada de ocupación

El caso evidencia una práctica cada vez más habitual: ocupaciones exprés en momentos clave para forzar pagos rápidos. No hay trasfondo social ni falta de alternativas residenciales, sino una estrategia basada en detectar operaciones inminentes y ponerlas en riesgo para obtener beneficio económico. Todo ello, aprovechando los márgenes legales y la lentitud de determinados procesos judiciales, que estos tipos de delincuentes conocen a la perfección.

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