El Ayuntamiento de Girona ha dicho basta. La pelea entre una decena de ocupas que malviven en un bloque de pisos en el número 13-15 de la ronda de Ferran Puig ha sido la gota que ha colmado el vaso. Desde el consistorio han decidido poner fin a esta problemática ocupación y han pedido a la justicia que agrupe todas las causas que estén abiertas en relación con el edificio en una sola, tal como ha explicado el alcalde Lluc Salellas. El objetivo es "conseguir que determinada gente que acumula muchas detenciones y que hasta ahora no estaba en Girona, deje de habitar allí", ha apuntado el alcalde.

Un edificio convertido en guarida de delincuentes

El alcalde ha reconocido que ya se está "buscando soluciones con la propiedad" y ha manifestado que esta semana se celebró una reunión con los cuerpos de seguridad y los servicios del Ayuntamiento "para estudiar todos los caminos posibles que permitan poner fin a la inseguridad existente". Actualmente, el edificio tiene riesgo de desprendimientos en la fachada y otras deficiencias estructurales después de pasar años abandonado, hasta que en el verano de 2024 empezaron a llegar los primeros ocupas. En un principio solo eran personas que necesitaban un techo donde dormir, pero poco a poco se fue convirtiendo en un nido de delincuentes.

Con el paso de los meses, la convivencia con los vecinos se empezó a hacer insostenible por los numerosos conflictos en la calle relacionados con el tráfico de drogas o porque ponían la música a todo volumen hasta altas horas de la madrugada. Intentaban echar a los ocupas, pero después volvían a entrar. Durante el último año, sin embargo, los problemas han ido a más, sobre todo por la llegada de multirreincidentes, muchas veces procedentes de otros lugares donde se alojaban anteriormente y que habían sido desalojados.

Una pelea entre los ocupas, el último incidente

La última actuación de la policía en este edificio ocupado ha tenido lugar esta misma semana por una pelea entre una decena de ocupas. Los hechos se produjeron el martes, cuando dos grupos, uno formado por miembros de origen magrebí y el otro formado por sudamericanos, se empezaron a pegar a puñetazos. No obstante, cuando los Mossos llegaron, todo el mundo se calló y fingió que no había pasado nada. Aun así, uno de los implicados, un joven argelino de 21 años, fue detenido por tener una orden de detención vigente, mientras que a otro de los ocupas le requisaron un cuchillo.

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