La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Esta nueva herramienta tecnológica ha permitido mejorar el día a día de las personas y la productividad de las empresas, con funciones que permiten, por ejemplo, automatizar tareas repetitivas, analizar bases de datos en poco tiempo y reducir el riesgo de que los humanos se equivoquen. Aun así, también tiene cosas negativas, como por ejemplo errores en el diseño de su algoritmo o el hecho de que los ciberdelincuentes aprovechan la herramienta para cometer estafas mucho más creíbles, diseñadas para, desde cualquier parte del mundo, llevarse millones de euros en pocos segundos.

Estafas personalizadas

Aquellos correos electrónicos llenos de faltas de ortografía e impersonales que recibía todo el mundo y que no tenían ningún tipo de sentido ya son historia. Ahora, los ciberladrones, gracias a la inteligencia artificial, crean campañas de phishing donde la víctima recibe mensajes personalizados a través del correo electrónico, de SMS, de las redes sociales o incluso llamadas.

Estas comunicaciones simulan venir de diferentes empresas, tanto públicas como privadas, y contienen toda la información necesaria para hacer que la víctima no tenga ninguna sospecha en ningún momento, como por ejemplo el nombre, el número de DNI, el correo electrónico e incluso la dirección de casa. Estos datos, los ciberdelincuentes los han conseguido atacando el sistema informático de las entidades y accediendo a las bases de datos más confidenciales.

Cómo estar alerta

Los mensajes que envían los ladrones siempre son diferentes. Algunos alertan de una factura por pagar y amenazan con castigos si no se soluciona en un determinado espacio de tiempo; otros, regalan objetos y otros ofrecen ofertas de trabajo, en teoría, muy fáciles de hacer y que prometen ganar mucho dinero en pocas horas.

Aun así, los expertos en ciberseguridad recomiendan ir alerta y mirar siempre los mensajes que nos llegan porque hay patrones que pueden ayudar a identificar si se trata de una estafa. Entre otros, revisar bien las URL, que no contengan ningún carácter extraño, y desconfiar de aquellas comunicaciones que pidan dinero en poco espacio de tiempo o que prometan ganar mucho dinero sin tener que hacer prácticamente nada.