No es ninguna novedad que a los estafadores les gusta jugar sucio, y no tienen ningún problema a la hora de saltarse las normas y, si es necesario, suplantar la identidad de personas o empresas. Algunos de ellos van un paso más allá, y en lugar de hacerse pasar por trabajadores de un negocio fingen trabajar para el Gobierno. Los ciberdelincuentes contactan con sus víctimas y las engañan, inventándose que hay algún problema con organismos oficiales como pueden ser Hacienda o Sanidad.
Los estafadores no temen las represalias y envían mensajes fraudulentos utilizando los logotipos del Gobierno y de sus organismos para conseguir que sus víctimas piensen que se trata de un mensaje oficial y serio y no se lo piensen dos veces antes de hacer cualquier cosa que les piden. Como suelen hacer esta clase de ladrones, se inventan problemas con los datos de sus víctimas, diciéndoles que falta información importante, que se debe hacer un pago o que les pueden sancionar por cualquier motivo sin sentido. Las víctimas, asustadas por la autoridad, se lo creen e intentan ponerle remedio cuanto antes, cayendo en la trampa de los ladrones y dándoles voluntariamente datos personales y dinero.
Métodos poco convencionales
Los métodos son variados. A veces contactan por correo para poder incluir los logotipos falsos. En otros casos, llaman al teléfono de la víctima y revelan algunos datos que ya han conseguido para convencerla de que contactan desde el Gobierno. En algunos casos, menos habituales pero peligrosos, llegan a hacer videollamadas y roban datos de la víctima como su cara, o le escanean los ojos. Las autoridades recuerdan que nunca pedirían información importante a través de este tipo de métodos, y que todos los trámites vienen a través de fuentes oficiales, por lo que es muy importante fijarse bien en el remitente de los correos o el número que nos llama.