Hoy en día la mayoría de los catalanes llevamos toda nuestra vida, e incluso nuestros ahorros, en el bolsillo; concretamente, en el teléfono. Y aunque la banca digital nos facilita mucho el día a día —como poder hacer gestiones desde el sofá de casa o no tener que ir al banco a sacar dinero porque incluso con el móvil podemos pagar—, también nos hemos puesto en el punto de mira de los ciberdelincuentes. Las estafas se han vuelto cada vez más sofisticadas, de tal manera que no es suficiente tener una contraseña difícil con números, mayúsculas o caracteres especiales, sino que también debemos tener cuidado con cualquier imprevisto o mensaje que nos llegue, ya que puede ser una ciberestafa en la que, sin ser conscientes, podemos dar nuestros datos personales y dejar todo lo que nos importa en manos de los ciberdelincuentes. 

El método más eficaz y sencillo para blindar nuestra cuenta corriente es la tecnología biométrica. Es decir, activar el reconocimiento facial o la huella dactilar para acceder a la aplicación del banco. Esto elimina de golpe el riesgo de que el ciberdelincuente pueda descifrar, o encontrar, nuestra contraseña. Además, la protección la ofrece el teléfono en tiempo real: si alguien nos roba el móvil y quiere hacer alguna compra, no podrá activar con su cara nuestra tarjeta. Por otro lado, si recibimos un aviso de una compra que no hemos hecho, también podemos usar los datos biométricos para bloquear el método de pago desde la aplicación en pocos segundos. 

El sentido común, la mejor herramienta 

Los expertos en ciberdelincuencia aseguran que la mejor manera de protegerse contra los estafadores es usar el sentido común. Es importante desconfiar de cualquier mensaje que, de manera urgente, pida clicar un enlace, sea con la excusa que sea. Además, los bancos han recordado en numerosas ocasiones que nunca usan vías como WhatsApp, el SMS o el correo para pedir contraseñas ni datos bancarios importantes.