La Guàrdia Urbana de Barcelona ha vuelto a detener este miércoles, 6 de mayo, al hombre que el pasado sábado, 2 de mayo, lanzó piedras y vasos de cristal a un camarero que trabajaba en un bar de la calle de Sevilla. Según ha podido saber ElCaso.com, el multirreincidente, de 25 años y nacido en Gambia, ha vuelto a ser esposado; esta vez, por robar el teléfono móvil de un joven que había salido de fiesta con sus amigos y que ya estaba volviendo a casa. El robo ha tenido lugar en la plaza Real de Barcelona, en el barri Gòtic. 

Pasaban pocos minutos de las cuatro de la madrugada cuando los agentes de la Unitat de Seguretat Ciutadana del Distrito de Ciutat Vella han tenido constancia de que el ladrón, habitual en la zona y muy conocido por la policía, había cometido el robo. El individuo ha visto que la víctima se encontraba bajo los efectos del alcohol y ha aprovechado una distracción para llevarse su teléfono móvil, de la marca iPhone, valorado en 300 euros. La policía, sin embargo, ha conseguido detener al ladrón y ha podido devolver el teléfono a su propietario.

Ante los hechos, el multirreincidente ha sido detenido acusado de ser el supuesto autor de un delito de hurto menos grave. Hasta hace poco, este delito —es decir, robar un objeto por valor de menos de 400 euros— era considerado un delito leve. Ahora, con la ley de la multirreincidencia, aprobada el mes de abril, robar un teléfono móvil de uso personal se considera un delito de hurto menos grave. 

Segunda detención en cuatro días 

No es la primera vez que la Guàrdia Urbana de Barcelona detiene al multirreincidente esta semana. Tal como informó ElCaso.com, hace solo cuatro días, el sábado, 2 de mayo, el hombre fue esposado, acusado de ser el autor de un delito de amenazas, después de lanzar piedras y vasos de cristal a un camarero del barrio de la Barceloneta, delante del paseo marítimo. Según supo la redacción de este medio, de trabajadores de la zona, este comportamiento es habitual y tienen que convivir diariamente con un asentamiento de personas inmigrantes —la mayoría de ellas de origen centroafricano— que pasan su día a día generando conflictos, peleándose entre ellas, orinando al lado de otras personas, como turistas o clientes de los bares, y, muchas veces, actuando bajo los efectos de las drogas y el alcohol.