La mayoría de turistas se llevan algún souvenir de su visita a Barcelona pero algunos de ellos se llevan un recuerdo que no se puede pagar con dinero. Puede ser que dinero sí. Exactamente, para un turista judío el recuerdo de Barcelona será el reloj de 33.000 euros que tres hombres fuertes le estiraron del brazo delante de la Catedral este 23 de abril, día de Sant Jordi.
Así lo explica lo mismo a ElCaso.com y delante de los Mossos, en la denuncia que presenta en la concurrida comisaría de Ciutat Vella asistido por una intérprete de ruso.
El turista tiene nacionalidad israelí y rusa, se defiende en los dos idiomas y una traductora de ruso la ayuda a explicarse ante los policías. No es un hecho nuevo. Cada día varios grupos de personas se han especializado, en el centro de la ciudad, a robar relojes. Algunas veces, con botines de muchos millares de euros, como el reloj de este turista judío.
A plena luz del día
Estaba con su hija en el exterior de la Catedral de Barcelona cuando tres hombres, "muy fuertes", le retorcieron el brazo hacia atrás y cuando no podía más de dolor, cedió y fue cuando le arrancaron el reloj del brazo.
El hombre también ha aportado junto con la denuncia un informe médico donde detalla que tiene lesiones en el cuerpo de caer al suelo y de arañazos en el brazo, de los ladrones que le robaron el reloj. Los tres, antes de poder hacer nada, se escaparon corriendo. No es capaz de definirlos demasiado ni aclarar la nacionalidad. "No les pedí el pasaporte", ironiza, a pesar de todo.
Sólo recuerda que eran tres personas, que le habían seguido y que después de haberle robado el reloj desaparecieron entre la multitud.
Modus operandi: seguir y buscar el reloj mejor
Según han explicado a ElCaso.com fuentes policiales, muchas veces el 'modus operandi' de los ladrones de relojes es lo mismo. El asalto, muchas veces violento, empieza horas e incluso días antes.
Los ladrones seleccionan la víctima y el reloj. Ahora que ha vuelto el calor se han vuelto a disparar. Turistas y vecinos de Barcelona lucen relojes de marcas muy caras y cuando los ladrones los detectan, empiezan a diseñar el plan.
Primero tienen que verificar que la pieza es buena y que al mercado negro la podrán colocar fácilmente. Los ladrones pueden ser expertos o simplemente unos buenos ladrones y por lo tanto necesitan confirmar con quien les colocará el género que vale la pena asaltar a la víctima.
Fotografían los relojes para confirmar que vale la pena el robo
En colas, cuando esperan tomando un café, cuando pican en el Metro... los ladrones fotografían la muñeca y el reloj y si reciben el visto bueno, se preparan para el robo. Piden refuerzos y siguen a la víctima hasta que está en un sitio donde haya poca gente o sea muy fácil escaparse. Cuando es el momento, atacan.
Lejos de los ladrones de carteras, los ladrones de relojes no evitan -o no pueden evitar- utilizar la violencia. Hay que estirar el reloj de la muñeca de la víctima y nadie se deja robar, y menos piezas que pueden tener un valor que supera los 10.000 y los 50.000 euros. Con toda la fuerza que tienen, sabiendo que se juegan un botín muy importante, los ladrones atacan para llevarse el reloj.
Los ladrones de relojes se han hecho fuertes en Barcelona
Según los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana de Ciutat Vella, hay varios grupos de personas que se han hecho fuertes en el centro de Barcelona robando relojes. Con la llegada del buen tiempo se han multiplicado este tipo de hechos delictivos, que no es nuevo, pero que sí que se ha disparado durante las últimas semanas. Los robos con violencia en la ciudad de Barcelona -y sobre todo en la zona cero del turismo, Ciutat Vella- han aumentado más de un 40%.
Entre los menos profesionales hay un grupo de marroquíes que viven por las calles del Raval y que han visto que robar relojes, por la facilidad que comporta y por el precio del botín, es interesante. Son grupos de chicos muy jóvenes que se dedicaban a otros hechos delictivos y que han visto en esta modalidad de robos un coste-beneficio muy elevado.
También existen grupos de franceses -sobre todo del sur del país vecino-, de italianos y también de sudamericanos. En este caso son grupos más especializados que se desplazan por varios puntos de Europa, donde se instalan durante varios días y cuando consiguen el objetivo, se escapan. Tanto las unidades operativas a pie de calle como también las unidades de investigación están trabajando intensamente pero no impide que casos como el del turista judío que ha explicado su experiencia a ElCaso.com se repitan casi cada día.
El reloj de este día de Sant Jordi no es el más caro que se ha robado en el centro de Barcelona. Entre las denuncias que se acumulan en la comisaría de Ciutat Vella hay de muchos valores pero algunos superan los 120.000 euros y de todas las marcas. La policía también está investigando dónde van a parar los relojes. Muchos acaban al mercado negro internacional.
