Dos vecinas de Vilablareix, en Girona, madre e hija, hace años que tenían montado un negocio más que rentable desde la comodidad de su casa. Se habían abierto un perfil de Instagram y vendían ropa y accesorios de lujo a precios muy por debajo de su valor original, con la filosofía de "hacer la moda más accesible". Lo que no decían, sin embargo, era que todas estas prendas de reconocidas marcas eran, realmente, falsificaciones hechas con tanta precisión que eran prácticamente indistinguibles de las originales. Ahora, las dos mujeres, de nacionalidad española según ha podido saber ElCaso.com, han sido detenidas por la Policía Nacional española y su chiringuito ha quedado cerrado. En su casa, desde donde comercializaban el producto, se han intervenido 1.300 artículos falsos, más de 13.000 euros en efectivo y varios vehículos de alta gama.
La investigación arrancó el año 2024 después de recibir varias denuncias por parte de los representantes legales de las marcas de lujo afectadas, según las cuales, alguien estaba vendiendo falsificaciones de sus productos. Haciendo patrullaje por las redes, localizaron el perfil de una supuesta tienda de Vilablareix y pudieron identificar a las responsables, vecinas del municipio que incluso ofrecían un showroom en su casa para que aquellas clientas que quisieran comprar in situ lo pudieran hacer. Con esto se aseguraron una clientela habitual, además de los pedidos que recibían por Internet desde otros puntos del Estado.
Falsificaciones de altísima calidad
Aunque los productos estaban a precios más accesibles que comprándolos en una tienda oficial, la alta calidad de las falsificaciones les permitía subir un poco los precios, lo cual también les funcionaba para esconder que eran artículos falsos. Incluso los representantes de las marcas afectadas han llegado a afirmar que eran "las mejores copias que habían visto nunca". Además de ropa, también vendían carteras, bolsos de mano, cinturones y también accesorios como anillos, pendientes y relojes de lujo. Para diversificar, también ofrecían plumas estilográficas, corbatas y zapatillas deportivas, todo, aparentemente, de las mejores marcas.
Madre e hija pudieron eludir durante tanto tiempo a las autoridades gracias a que pedían siempre los pagos en efectivo o por Bizum y con conceptos muy diferentes al de la transacción real. Además, la madre estaba dada de alta como autónoma y, a través de su gestor, creaba facturas por venta de ropa con las cuales blanqueaban sus ingresos reales y daban una apariencia de legalidad a su negocio. La madre, de hecho, se dedicaba a la falsificación desde hacía tiempo: los investigadores averiguaron que lo hacía desde el 2017 y que se había hecho una red de proveedores habituales desde China a quienes, gracias a la confianza de casi una década, podía hacer pedidos específicos, prácticamente a la carta.
Después de realizar una entrada y registro en su casa, donde también encontraron el showroom, los agentes detuvieron a las dos mujeres, acusadas de un delito contra la propiedad industrial.
