La antigua central térmica de Cercs se convirtió este pasado fin de semana en un ring de boxeo donde decenas de personas venidas de todo el mundo se concentraron para llevar a cabo violentas peleas fuera de la ley. Esta concentración ilegal terminó cuando un testigo los descubrió y alertó a los Mossos d'Esquadra de que en el interior de estas instalaciones en desuso del Berguedà (Barcelona) había una gran cantidad de gente y algunos estaban haciendo combates mientras los iban grabando y animando.
La central de Cercs, convertida en ring de boxeo
Inmediatamente, efectivos de la policía catalana se desplazaron hasta el lugar y cuando llegaron ya no quedaba nadie dentro de las instalaciones, pero se pudo confirmar todo lo que había dicho el testigo. A pesar de que el acontecimiento ya había terminado y los participantes habían salido de la central, había una cincuentena de personas en el exterior con material de boxeo y muchas de ellas con heridas en las caras o las extremidades. Además, dentro de las instalaciones todavía había montado un ring de boxeo hecho con neumáticos y pancartas publicitarias de diversos grupos de lo que llaman "lucha callejera".
Los Mossos identificaron a un total de 51 personas y se ha abierto una investigación para esclarecer quién hay detrás de estos peligrosos combates fuera de la ley. En este sentido, pueden ser clave las informaciones y la difusión de vídeos o imágenes que los organizadores o los participantes hagan en las redes sociales. En este sentido, también se investigará si los combates pudieron ser retransmitidos en directo por internet y si podría haber apuestas ilegales por parte de los espectadores. En cuanto a la ocupación y utilización de las instalaciones de la antigua central térmica de Cercs, por ahora no consta que la empresa propietaria haya presentado ninguna denuncia
Peligrosos combates sin reglas ni protección
Combates como los que este pasado domingo tuvieron lugar en Cercs se han convertido en una moda entre los aficionados a lo que se denomina "lucha callejera". Se trata de peleas fuera del margen legal, sin nadie que establezca unas reglas y sin que haya límites ni medidas de protección. Esto provoca un gran peligro para unos participantes que, a pesar de que participen voluntariamente, pueden sufrir lesiones graves por un mal golpe o, en el peor de los casos, acabar muriendo. De hecho, uno de los reclamos es que en los combates se ve "derramamientos de sangre". Esta práctica se está extendiendo cada vez más y atrae a mucha gente, organizándose eventos así por todo el mundo, el último este celebrado en Catalunya.
