La Policía Nacional española ha podido detener a un ciberacosador sexual que se escondía en un piso de Madrid en pésimas condiciones, rodeado de basura y de excrementos de perro. El delincuente tenía cuatro órdenes de búsqueda emitidas por juzgados de todo el Estado, una de ellas de ingreso en prisión, y hacía meses que apenas salía de su casa para evitar ser pillado. La clave para atraparlo ha sido la alerta de suicidio de una de sus víctimas, una chica menor de edad, que ha posibilitado su arresto solo 24 horas más tarde, acusado de los delitos de grooming, corrupción de menores, descubrimiento y revelación de secretos y reclamación judicial. Después de pasar por los juzgados, ha ingresado finalmente en la prisión.
Según la investigación de la policía española, el hombre utilizaba la clásica técnica de grooming para conseguir fotos y vídeos de contenido sexual de menores de edad. En este sentido, contactaba con las chicas a través de alguna red social, con un perfil falso y haciéndose pasar también por menor para ganarse su confianza, llegando incluso a ofrecerles entre 100 y 300 euros si accedían a enviarle las imágenes comprometidas. De momento, se han identificado cinco víctimas, una de ellas con discapacidad intelectual, aunque la investigación continúa en marcha y no se descarta que puedan encontrar más. Los investigadores están analizando dos teléfonos móviles que requisaron durante el registro de su vivienda, y ya han encontrado centenares de chats con menores.
Una de las víctimas, con ideas suicidas a raíz del acoso
Las pesquisas policiales se iniciaron cuando se tuvo conocimiento, a través de la alerta de una red social, de que una usuaria menor de edad había expresado tener ideas suicidas. Después de identificar a la chica y de ofrecerle asistencia sanitaria, hablaron con ella, averiguando que podía estar siendo víctima de acoso, ya que estaba manteniendo conversaciones por chat con un hombre mayor que ella. Según la víctima, el sospechoso —que en aquel momento pensaba que era de su edad— la convenció para que le enviara imágenes de ella de carácter sexual y, posteriormente, la amenazó con enviárselas a sus conocidos si no accedía a quedar con él en persona.
De esta manera, acordaron verse en una parada de autobuses de Toledo, a plena luz del día para que la chica no sospechara. No obstante, cuando vio desde lejos que el chico con quien había quedado era un hombre adulto, se asustó y se marchó del lugar. La descripción del sospechoso permitió localizarlo en menos de 24 horas, y se puso en marcha un dispositivo para detenerlo.
El ahora detenido vivía en condiciones de insalubridad total en un piso de Madrid que estaba lleno de basura y de excrementos de cuatro perros, a los cuales no sacaba a pasear para salir lo menos posible a la calle. De hecho, hacía años que no se había renovado ni el DNI ni el carné de conducir. Después de identificarlo, se le detuvo y, finalmente, entró en la prisión.