Los trabajadores de las prisiones catalanas tienen que andar con pies de plomo para evitar ataques por parte de los internos. Muchos reclusos creen que pueden hacer lo que quieren y actuar libremente sin ningún tipo de consecuencia y, por desgracia, a veces tienen razón. Por si tener que prepararse para sufrir golpes y palizas no fuera suficiente, las funcionarias de los centros penitenciarios también tienen que vigilar para evitar sufrir agresiones sexuales. Precisamente esto es lo que pasó este domingo, 1 de noviembre, en la prisión de Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada, en el Bages. 

Los hechos tuvieron lugar sobre las siete menos cuarto de la tarde, cuando un interno, del cual no se ha revelado más información, como la edad, nacionalidad o por qué motivo está encarcelado, se acercó a la jefa de turno y le hizo tocamientos sin su consentimiento. La víctima pudo liberarse del agresor e, inmediatamente, se activó un código 1, señal de que se está produciendo un incidente grave. Varios jefes de servicio intervinieron y, afortunadamente, se pudo poner fin a la situación antes de que fuera más allá.

Un problema constante

Desde el Sindicat Català de Presons (SICAP) han condenado esta nueva agresión sexual. La entidad considera "especialmente grave" que las trabajadoras tengan que estar expuestas a este tipo de comportamientos y que se sancionen como cualquier otro incidente. Según datos publicados por Marea Blava, entre enero de 2022 y septiembre de 2026 hubo 51 episodios de agresiones sexuales contra funcionarias penitenciarias, unas cifras que evidencian un problema muy habitual en las prisiones que todavía continúa sin una respuesta contundente. El sindicato pide que se investiguen los hechos a fondo y que este tipo de actos tenga consecuencias graves para los delincuentes que las cometen.

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