Hay un montón de tipos diferentes de estafas, cada una con sus detalles particulares, sus métodos y sus objetivos. En algunos casos se asusta a la víctima, en otros se le dan buenas noticias y en otros simplemente se habla con ella, intentando que dé datos personales o que envíe dinero, sin meterle el miedo en el cuerpo ni alegrarla. Aunque cada estafa sea un mundo, es cierto que, normalmente, tienen factores en común, y saber esto nos puede ayudar a evitar que ningún ciberdelincuente, sea cual sea el método que utilice, nos engañe y nos quite el dinero que hemos ganado honradamente.
Cada vez hay más medidas de seguridad para evitar que los ladrones se infiltren en nuestras cuentas —aunque de vez en cuando hay algunas filtraciones de datos preocupantes— y por eso los delincuentes utilizan otro método: no necesitan saltarse los controles de seguridad del banco si consiguen que la víctima les dé el dinero por su cuenta. En definitiva, los estafadores no atacan al sistema informático, sino que atacan a la persona, haciendo que baje la guardia y haga exactamente lo que le piden.
Así consiguen robar los ciberdelincuentes
Los ciberdelincuentes siempre se inventan una historia: ha habido un problema en el banco, hemos ganado un sorteo, nos revelan una inversión con beneficios increíbles... Los estafadores siempre apelan a la emoción, y por eso consiguen que las víctimas caigan. Pueden utilizar el miedo, la alegría, la rabia o incluso el amor para hacernos bajar la guardia, y una vez han conseguido que nos creamos su historia, ya pueden engañarnos. Los ciberdelincuentes no son hackers de película, que superan las barreras de seguridad del banco y vacían las cuentas, son ladrones que se aprovechan de sus víctimas. Por lo tanto, siempre que recibamos llamadas, mensajes o correos extraños, lo primero que debemos hacer es sospechar. Si nos piden datos personales, lo más probable es que se trate de un engaño, y aún más si nos intentan apresurar para que actuemos rápidamente y sin pensar.