Hasta hace unos años, los ciberladrones conseguían robar los datos personales y bancarios de sus víctimas gracias a la infraestructura tecnológica. Los estafadores buscaban cualquier error, como por ejemplo no tener actualizado el antivirus, para colarse dentro del ordenador y coger todo aquello que les interesaba. Los expertos en ciberseguridad han detectado que últimamente la manera en que los ladrones se aprovechan de las víctimas ha cambiado, y ahora se aprovechan de la psicología y el momento más vulnerable de las personas. 

La mayoría de estafas ya no llegan a través de correos electrónicos impersonales llenos de faltas de ortografía o, en algunas ocasiones, en idiomas que nadie entiende. Ahora llegan mediante aplicaciones de mensajería que las víctimas usan en su día a día, como WhatsApp o las redes sociales. Los ciberladrones cada vez utilizan técnicas más elaboradas y muchas veces se aprovechan de las decisiones y las conductas de la sociedad.

Si es gratis, es mentira 

Los expertos en ciberseguridad avisan de que la mejor manera de protegerse de una ciberestafa es usar el sentido común. Por lo tanto, es muy importante no creer aquellos mensajes que parecen un regalo caído del cielo. Hay muchos ejemplos relacionados: cuando te prometen que te regalarán muchas prendas de ropa solo por la compra de una sola o cuando te dicen que te harás rico con un supuesto trabajo para el cual no necesitarás moverte del sofá de casa. Todo esto, casi siempre, es mentira. 

Los ciberladrones buscan hacer ofertas atractivas a sus víctimas para conseguir que estas hagan clic en la página web que ellos mismos han creado y donde la víctima pone sus datos bancarios. Los estafadores, en cuestión de minutos, vacían las cuentas corrientes de sus víctimas y desaparecen sin dejar ningún tipo de rastro por internet.