Los ciberdelincuentes suelen aprovecharse del momento más vulnerable de las personas para llevarse los ahorros de toda una vida. Cuando la víctima está sometida a un período de estrés por un problema muy grave, el ladrón —que sabe que está con la guardia baja— aprovecha para engañarla y estafarla. La mayor parte de las veces, cuando reacciona y es consciente de lo que ha pasado, ya es demasiado tarde para recuperar los ahorros. 

Con solo treinta segundos de un vídeo colgado en las redes sociales, como Instagram o TikTok, los ciberdelincuentes son capaces de clonar la voz de otra persona mediante la inteligencia artificial generativa. Después, llaman a los familiares de las víctimas alertando de que hay un problema y de que necesitan dinero de manera urgente para poder solucionarlo. 

Llamada desde el hospital 

En esta llamada es donde entra en juego la crueldad del ciberladrón y cómo se hace rico engañando a los demás. El delincuente se hace pasar por el hijo de la víctima y le alerta que se encuentra en la UCI de un hospital, que se le ha roto el teléfono móvil o que tiene un problema en el aeropuerto y no puede volver a casa. La víctima, ante la alerta y sin pensarlo ni un segundo, envía el dinero que su hijo le pide.

El ladrón, una vez ha recibido la transferencia, desaparece del mapa y no vuelve a dar señales de vida. Es cuando la víctima vuelve a llamar a su hijo para saber si ha solucionado el problema cuando se entera de que todo ha sido una trampa y cuando ya es demasiado tarde para poder recuperar el dinero.

Ante este tipo de llamadas, los expertos en ciberseguridad recomiendan no perder la calma, colgar el teléfono y volver a llamar al familiar para saber si es cierto o no que hay un problema. Otra técnica para saber si se trata de una estafa es hacer preguntas personales o privadas al familiar, como por ejemplo el nombre de la abuela o del perro; si el interlocutor no las sabe contestar, significa que es un ciberdelincuente.