Hace años que la mayoría de acciones que hacemos en nuestro día a día se han digitalizado. Compramos, gestionamos nuestros ahorros del banco y nos comunicamos a través de pantallas. Pero no todo es positivo; esta comodidad también ha abierto la puerta a una realidad cada vez más incómoda: el fraude en línea también se ha disparado. Los ciberdelincuentes ya no atacan solo a grandes empresas, sino que su punto de mira somos cualquiera de nosotros, desde nuestro sofá, que por culpa de nuestra confianza o de un descuido momentáneo, podemos caer en la trampa y convertirnos en víctimas.
Juegan con la urgencia
La manera de estafar de los ciberladrones ha evolucionado. Ahora ya no necesitan piratear nuestros ordenadores, sino que nos engañan y nos manipulan para que seamos nosotros quienes les demos nuestras contraseñas. Seguro que tú también has recibido un correo electrónico supuestamente de tu banco avisándote de un bloqueo en tu cuenta corriente o un mensaje de una empresa de paquetería diciendo que tu paquete está retenido por un problema en la aduana.
Los ciberladrones quieren que actúes rápido, juegan con el miedo y buscan que no pienses mucho, para que no te dé tiempo de saber si el mensaje es o no real. Lo que buscan es que hagas clic en el enlace que hay siempre en los mensajes, de tal manera que introduzcas tus contraseñas y los datos bancarios y, en poco menos de un minuto, se lleven tus ahorros y desaparezcan.
¿Cómo protegerse?
Los expertos en ciberseguridad hace tiempo que alertan que la mejor manera de protegerse es hacer uso del sentido común y desconfiar. La primera regla es no hacer clic nunca en ningún enlace que nos genere urgencia ni nos pida dinero. En caso de tener una duda real sobre un pago o una notificación del banco, lo mejor que se puede hacer es cerrar el mensaje y entrar directamente en la web oficial del banco o llamar al teléfono de atención al cliente.
