Una de las estafas más habituales últimamente no se aprovecha de la imagen de famosos ni tampoco de criptomonedas milagrosas, sino que engaña a sus víctimas ofreciéndoles trabajo. El fraude ofrece la posibilidad de trabajar, normalmente de forma remota, desde casa, y con un sueldo muy bueno. De esta manera, consiguen llamar la atención de las víctimas, que ven en esta oferta una forma de hacer dinero rápidamente y sin problemas. Los afectados siguen las instrucciones de los ciberdelincuentes y acaban perdiendo sus ahorros. Además, estas estafas se convierten en todavía más peligrosas por culpa de la inteligencia artificial.
Con esta nueva tecnología, los estafadores pueden recoger información personal de sus víctimas a través de sus redes sociales y de los datos que publica su empresa para redactar propuestas laborales adaptadas al perfil de cada candidato, lo cual mejora la probabilidad de éxito del engaño. Además, la IA también está entrenada para utilizar un lenguaje profesional, haciendo muy difícil entender que se trata de un engaño. En la mayoría de los casos, los delincuentes aprovechan la presión de la víctima para responder rápidamente a una buena oferta, y la creencia de que no les engañarán de esta manera tan original.
Víctima por partida doble
Durante la estafa, los criminales no solo buscan robar el dinero de sus víctimas, sino que también aprovechan para conseguir información personal de ellas, como los datos personales y de las cuentas bancarias, a través de excusas que justifican con trámites necesarios para hacer el contrato. Los ciberdelincuentes pueden vender estos datos robados a otros ladrones que tengan un uso para ellos, o si no, los pueden utilizar para cometer otros delitos suplantando la identidad de la víctima, complicándole todavía más la vida después de estafarla. Con este engaño, los ciberdelincuentes han conseguido estafar a miles de personas y acumular millones de euros de los ahorros de aquellos que aplicaban a la falsa oferta de trabajo.