Hace tiempo que la inteligencia artificial forma parte de nuestras vidas. Cuando llegó, decepcionó a muchas personas, ya que hacía un trabajo pésimo. Al inicio, la IA generaba imágenes incomprensibles, en las que las personas tenían 6 dedos, les faltaban las orejas o sufrían cualquier otra deformidad. La situación no mejoraba con los textos. Los algoritmos generaban textos sin ningún tipo de sentido, con faltas de ortografía y un montón de información inventada. Ahora, la cosa ha mejorado, y si bien en algunos aspectos todavía tiene que aprender, hay otros en los que la IA se ha vuelto una auténtica experta. Por desgracia, una de las habilidades más perfeccionadas por parte de la IA es la capacidad de estafar.
Una de las estrategias más comunes a la hora de evitar estafas —al menos, las que son por escrito, como correos electrónicos o mensajes de WhatsApp— era revisar bien el texto para detectar faltas de ortografía, frases sin sentido o información contradictoria. Estos consejos, sin embargo, son cada vez menos eficaces, ya que muchos ciberdelincuentes han empezado a usar la IA, y esta ha avanzado tanto que escribe incluso mejor que muchas personas. Ahora, los estafadores lo tienen mucho más fácil para engañar a sus víctimas. Con órdenes tan sencillas como "escríbeme esto como si fuera un comunicado del Ayuntamiento" o "redacta este texto en el estilo del banco" pueden conseguir mensajes con un estilo idéntico al oficial en cuestión de segundos.
Vídeos y llamadas manipuladas
El problema va todavía más allá. La amenaza no solo se encuentra en mensajes escritos: incluso las llamadas de voz o los vídeos pueden ser un engaño. Descuelgas el teléfono y oyes la voz de tu jefe que te pide hacer una transferencia por una cuestión de trabajo. Como reconoces la voz, le haces caso, pero resulta que en realidad era una IA que, con una grabación de pocos segundos, ha conseguido replicar la forma de hablar de otra persona. Aunque esto parezca digno de una película de ciencia ficción futurista, es real, y se trata de un problema que ha afectado a un montón de personas.
Teniendo todo esto en cuenta, hay que ir con pies de plomo con todos aquellos que nos pidan información personal o dinero. Tanto si conocemos a la persona como si no, el peligro es mayor que nunca, y, si no las tenemos todas, lo mejor es no dar ningún dato que nos pueda causar quebraderos de cabeza.
