El santero cubano Carlos Oswaldo Bello Núñez, condenado el año 2009 por haber asesinado a un joven en Pineda de Mar, en Barcelona, ha tenido que abandonar el barrio de Girona donde se había asentado con su actual pareja hace poco más de medio año. Y es que decenas de vecinos de la Font de la Pólvora, hasta unos 70, fueron al piso de alquiler donde residían los dos hombres, amenazándolos y exigiendo al propietario que los echara "por las buenas o por las malas". El motivo de esta revuelta social no era la condición de asesino de Carlos Oswaldo, sino un malentendido que lo identificó a él y a su pareja, un hombre de 51 años y nacionalidad española, de haber abusado de menores de edad

Parece que todo comenzó el pasado 20 de abril. La pareja acudió a la comisaría de los Mossos d'Esquadra de Girona para interponer una denuncia —que, finalmente, no llegaron a formalizar— donde coincidieron con un menor, vecino suyo, que había ido a dependencias policiales para explicarles que sufría maltratos en su casa. Estos dos hechos paralelos llegaron al conocimiento de algunos de los vecinos, que malinterpretaron la situación, y empezó a correr el rumor de que Carlos Oswaldo —que hacía pocos años que había salido de la cárcel— y su pareja eran abusadores de niños, según ha avanzado El País

La presión vecinal expulsa al santero del barrio 

La tensión en este conflictivo barrio de Girona, donde viven principalmente personas de etnia gitana, escaló hasta el punto de que entre 60 y 70 de estas personas acudieron al domicilio de los dos hombres y pidieron, con bastante agresividad, que se marcharan porque no se lo tolerarían. La situación requirió la intervención de los Mossos d'Esquadra, que se pasaron toda la tarde de Sant Jordi mediando con los enfurecidos vecinos para hacerles entender que ninguno de los dos había agredido ni abusado de menores de edad, según han confirmado fuentes de la policía catalana a ElCaso.com. 

Finalmente, la pareja optó por dejar atrás voluntariamente el piso de la calle de Acàcia donde habían vivido durante los últimos ocho meses "para evitar conflictos más graves"; recogieron sus pertenencias y ese mismo día, escoltados por los Mossos, abandonaron la Font de la Pólvora dentro de un coche patrulla.