La presencia de teléfonos móviles en las celdas de las prisiones, a pesar de estar prohibido, es cada vez más habitual. En la prisión de Ponent de Lleida, en solo dos días, entre el viernes y el sábado, se han llegado a encontrar una decena, de los cuales seis eran teléfonos inteligentes. Nueve aparecieron durante unas inspecciones en el Módulo 6, mientras que el décimo fue localizado en una celda del Módulo 3. En este caso, se da la circunstancia de que los reclusos habían hecho un agujero en la pared para esconderlo y habían colocado delante un espejo circular para intentar ocultarlo.

Un problema que va al alza y que empieza a preocupar

A lo que tradicionalmente ha sido la entrada secreta de drogas o armas blancas en las prisiones, aunque en este caso también se pueden fabricar de forma casera dentro, ahora hay que sumar los teléfonos móviles. Y es que en los últimos años, tal como ya explicó ElCaso.com, se ha disparado su presencia en los centros penitenciarios. Entre 2020 y 2025, se decomisaron 5.016 aparatos en las prisiones catalanas. Desde 2018, el crecimiento de requisas de móvil ha crecido un 2,5%, aunque en los últimos años se ha estabilizado y se decomisan alrededor de 860 al año, lo que suponía uno por cada diez internos.

Aunque muchos internos, a pesar de que esté prohibido, los usan con fines lúdicos o de comunicación, lo cierto es que también se pueden utilizar para continuar actividades delictivas comenzadas antes de entrar en prisión, para romper órdenes de alejamiento, para gestionar entradas de droga y organizar su distribución en el interior o para impulsar extorsiones, tal como apuntan desde Marea Blava. Además, en un contexto de violencia contra los funcionarios, también existe el temor de que se puedan hacer fotografías con los teléfonos inteligentes, lo que puede afectar gravemente su seguridad.