Cientos de personas se han reunido este fin de semana de Todos los Santos en una finca agrícola de Llardecans, en el Segrià (Lleida), para celebrar una rave ilegal, la segunda este año en esta misma localización. La fiesta comenzó el sábado, 31 de octubre, y ha continuado a lo largo de este domingo, 1 de noviembre, mientras los vecinos de este pueblo de poco más de 400 habitantes visitan el cementerio para recordar a sus difuntos. Según los Mossos d'Esquadra, hay concentrados entre 300 y 400 vehículos —entre coches, todoterrenos, caravanas y furgonetas— muchos con matrícula francesa.
Los raveros se han concentrado en las afueras del pueblo, a unos dos kilómetros del centro y a medio camino entre Llardecans y Aitona, cerca del Arc d'Adà. A estas horas, todo parece transcurrir con normalidad; la policía catalana está vigilando los accesos para que no se pueda añadir más gente, y están haciendo controles de alcoholemia y de drogas a las personas que abandonan la finca con sus vehículos. Al mediodía de este domingo, no se ha registrado ningún incidente destacable.
Los organizadores de esta fiesta ilegal han montado dos escenarios en el centro de la finca, rodeados de los centenares de vehículos con los que han ido llegando los participantes a lo largo del fin de semana. Muchas personas han montado tiendas de campaña por la zona para pernoctar.
Los vecinos, muy tranquilos
A pesar de la cantidad de gente que se ha concentrado en Llardecans, los vecinos están "la mar de tranquilos", según ha asegurado el alcalde, Francesc Xavier Mor. Según el alcalde, estos ravers son muy respetuosos con el medio natural. "Dejan el espacio más limpio de lo que se lo encuentran", ha asegurado, y también ha añadido que la llegada de centenares de personas al municipio se ha vivido de manera positiva también porque "hacen compras en los comercios del pueblo". "No nos provocan ningún tipo de problema", ha concluido.
