Indignación, rabia e incomprensión entre los policías que detuvieron e intervinieron en los incidentes que protagonizó, estos últimos días, Andrés Roché, el hombre de 48 años, de nacionalidad española, detenido este martes en Figueres (Girona), acusado de matar a puñaladas a su expareja, una mujer de 33 años, en medio de la calle. El crimen, que se produjo alrededor de las tres menos cuarto de la tarde en la plaza Josep Tarradellas, ha sacudido la capital del Alt Empordà, pero también ha abierto un debate interno entre los agentes que habían intervenido con el detenido las horas previas a estos hechos fatales. Según ha podido saber ElCaso.com, entre los policías existe la convicción de que el crimen se podría haber evitado si el hombre hubiera ingresado en prisión cuando fue puesto a disposición judicial. La policía así lo esperaba. Pero no fue así. Al salir de los juzgados fue a buscar un cuchillo e hizo lo que había dicho que haría: matar a la chica de 33 años, que había sido su pareja.

El detenido no era un desconocido para la víctima ni tampoco para el sistema. Según fuentes conocedoras del caso, Andrés Roché ya había agredido varias veces a su expareja y tenía una orden de alejamiento vigente, que no sirvió de nada. El mismo lunes había sido condenado a seis meses de prisión por maltratarla, en una sentencia de conformidad, y se le había impuesto una orden de alejamiento de 250 metros y la prohibición de comunicarse con ella durante un año y cuatro meses. Horas después de esta condena, sin embargo, volvió a ser detenido por haberla vuelto a agredir.

Había verbalizado que quería matarla

Lo que genera más indignación entre fuentes policiales es que, según las mismas fuentes, el hombre había verbalizado su intención de matar a la mujer. A pesar de estos antecedentes, a pesar de la orden de alejamiento y a pesar de la nueva detención por otra agresión pocas horas después de haber sido condenado, este martes por la mañana quedó en libertad. La decisión, según ha informado el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, se tomó después de que la víctima no se presentara a la citación que tenía para ser explorada por el médico forense y para declarar ante el juez de guardia. El juzgado dejó al hombre en libertad y se inhibió en favor del juzgado que había dictado la sentencia de conformidad el día antes. Según el TSJC, el juzgado de guardia resolvió únicamente sobre la situación personal del detenido.

La decisión sorprendió a los agentes. Fuentes policiales consultadas aseguran que la previsión era que el hombre ingresara en prisión, teniendo en cuenta la reincidencia, la proximidad temporal de los hechos y el riesgo evidente para la víctima. “Todo el mundo esperaba que entrara en prisión”, apuntan fuentes del caso. No fue así. Horas después de quedar en libertad, Andrés Roché localizó a su expareja en la plaza Josep Tarradellas y la atacó con un cuchillo hasta matarla. La abandonó en un charco de sangre y se fue a lavar las manos en una fuente. Algunos viandantes, entre ellos un agente fuera de servicio de la policía local de Castelló d'Empúries, lo pudieron retener hasta que llegaron los Mossos y lo arrestaron.

El fracaso de un sistema que no protegió a la víctima

La secuencia de los hechos es especialmente grave. Lunes, condena por maltrato. Pocas horas después, nueva detención por otra agresión. Martes por la mañana, sin embargo, queda en libertad. El martes por la tarde cumple la amenaza y mata a quien fue su pareja sentimental. Una cronología complicada de explicar y que ha hecho sonar todas las alarmas. ¿La chica, si este hombre hubiera ingresado en prisión, estaría viva? La pregunta es pertinente. La respuesta, también.

El caso también ha provocado una reacción institucional. El alcalde de Figueres, Jordi Masquef, admitió este martes que “algo ha fallado”, precisamente porque el agresor ya había sido detenido recientemente por saltarse la orden de alejamiento que tenía respecto a la víctima. El Ayuntamiento ha convocado un minuto de silencio este miércoles para condenar el crimen machista. La Divisió d’Investigació Criminal (DIC) de los Mossos d’Esquadra en Girona se ha hecho cargo de la investigación. La víctima, de 33 años, murió en la calle, a pesar de los intentos de los efectivos del Sistema d’Emergències Mèdiques (SEM), que no pudieron hacer nada para salvarle la vida. El caso es el tercer crimen machista conocido de este año 2026 en Catalunya.