Un nuevo cierre de una clínica dental de la cadena Oral Studio en Catalunya ha dejado a decenas de clientes colgados con tratamientos a medias que, en muchos casos, ya habían pagado. Dos semanas después de que fuera un establecimiento de l'Hospitalet de Llobregat el que bajara la persiana, ahora ha sido un local de Mataró el que ha cerrado de un día para otro sin avisar a los usuarios. No es un caso aislado, ya que este mes la Guardia Civil también ha cerrado una clínica de la compañía en Zaragoza por ejercer sin autorización e incumplir diversas medidas asistenciales.
Bajan la persiana en Mataró de un día para otro sin informar a nadie
El cierre de la clínica de Mataró, situada en la calle Marathon, en el barrio de Cerdanyola, ha dejado decenas de clientes colgados, que se suman a los centenares de afectados que ya había por todo el Estado. En algunos de los casos, los clientes habían llegado a pagar más de 10.000 euros para hacer un tratamiento de implantología que ahora ha quedado a medias, con prótesis provisionales y piezas que no son suyas. Esto les ha provocado consecuencias físicas y también emocionales, ya que ahora no se fían de que en otras clínicas les puedan acabar el tratamiento.
La clínica, a pesar de que se iban cerrando otros establecimientos de Oral Studio y los trabajadores no descartaban que pudiera pasar lo mismo con la de Mataró, tal como ha apuntado una de las víctimas al diario Capgrós, seguían atendiendo a los clientes con normalidad hasta que de un día para otro cerraron sin decir nada a nadie. Algunos de los afectados han intentado contactar con otros establecimientos de la compañía, pero no reciben respuesta ni nadie les indica cómo deben actuar. Ya se han empezado a presentar denuncias a los Mossos d'Esquadra, que lo están investigando y lo están derivando hacia los juzgados.
Otro cierre en L'Hospitalet deja centenares de afectados
Hace dos semanas, el cierre de otro establecimiento de Oral Studio en l'Hospitalet de Llobregat dejó unos 400 afectados. En este caso, según las denuncias presentadas por las víctimas, una segunda empresa habría comprado la clínica, pero mientras no la vuelven a abrir, fueron derivando a los pacientes a otros centros. Sin embargo, estas clínicas iban saturadas y no les podían dar hora hasta después de mucho tiempo o, directamente, les decían que ellos no lo podían asumir.
Pocos días antes, había sido la Guardia Civil quien había cerrado otra clínica en Zaragoza por ejercer sin autorización e incumplir diversas medidas asistenciales como no tener inscritos los equipos de radiodiagnóstico, no tener un equipamiento de emergencia o tener unos boxes demasiado pequeños. La cadena, que capta a sus clientes con ofertas muy económicas, pero con la condición de que se tienen que pagar por adelantado, también cuenta con establecimientos en Tarragona, Girona o diversos municipios del área metropolitana de Barcelona.