Hay trabajadores que se toman el concepto de la flexibilidad laboral con demasiado entusiasmo y que, a las doce de la noche, mientras el resto de mortales contamos ovejas para conciliar el sueño, se dedican a hacer ver que cambian el aceite o revisan los frenos mientras trabajan en su taller en Vilafranca del Penedès. Lo que no saben, sin embargo, es que la gente tiene un sexto sentido y que muchas veces, hacer según qué a altas horas de la noche, puede levantar sospechas. Así es como han acabado detenidos tres camellos en este municipio de Barcelona, que hacían ver que trabajaban, pero que en realidad estaban moviendo una gran cantidad de droga. 

Pasaban quince minutos de las doce de la noche del domingo, 8 de marzo, cuando la Policía Local de Vilafranca del Penedès recibió el aviso de un vecino que informaba que en un taller mecánico cerca de su casa había gente trabajando cuando, en teoría, a esas horas, debería estar cerrado. Esta alerta hizo que una patrulla de la policía se aproximara al taller para ver qué estaban haciendo los trabajadores. 

No dan una explicación coherente 

Los agentes preguntaron a los hombres que estaban dentro del taller qué hacían a esas horas trabajando y estos no supieron dar ningún tipo de respuesta ni explicación coherente a la policía. Ante esta actitud, los policías registraron una furgoneta que había en el interior del taller, con un hombre sentado en la cabina y el motor en marcha, preparado para marcharse. Dentro del vehículo, los agentes encontraron varios paquetes que desprendían un fuerte olor. Al abrirlos, pudieron comprobar que había fardos de hachís, envueltos y preparados para ser transportados.

Ante los hechos, la Policía Local detuvo a los tres hombres que, según ha podido saber ElCaso.com, tienen unos 40 años y son de origen magrebí —uno de ellos con un antecedente policial— acusados de ser los supuestos autores de un delito de tráfico de drogas. Los agentes comunicaron los hechos a la Divisió d'Investigació Criminal (DIC) de los Mossos d'Esquadra, cuerpo policial que tiene las competencias en cuanto al tráfico de drogas, que se encargó de la investigación. Fruto de las gestiones, la policía catalana ha confirmado que la droga que había en el interior de los paquetes era hachís y que el peso era de unos 630 kilogramos.