Los Mossos d'Esquadra han pillado al fin al ladrón de cobre que traía de cabeza a varias comunidades de vecinos del barrio de Sant Antoni de Barcelona. Durante meses, este individuo, de 46 años —cuya nacionalidad no ha sido comunicada—, se dedicó a colarse en edificios de esta zona del Eixample para sustraer tubos de cobre, piezas de latón, llaves de paso y todo tipo de elementos metálicos que encontraba en los contadores de los bloques y que, posteriormente, vendía en chatarrerías para sacarse una buena recompensa. En total, se calcula que los daños que ocasionó superan los 3.700 euros y habría obtenido un beneficio de más de 3.000.
El hombre estuvo en activo desde principios de febrero y hasta el mes de abril, aunque no fue hasta el pasado 20 de mayo que los agentes de la Unitat de Seguretat Ciutadana (USC) de la comisaría del Eixample lo pudieron detener. Al ladrón ya le constaba una orden de detención por hechos similares y acumulaba una larga lista de antecedentes por delitos contra el patrimonio. Después de su arresto —por una supuesta tentativa de robo con daños y tres con fuerza— fue puesto ese mismo día a disposición judicial.
Un modus operandi marcado
Ahora bien: ¿cómo actuaba este prolífico ladrón de cobre? Pues entrando al descuido en las diferentes fincas y colándose en la zona de los contadores de agua, generalmente en el mismo vestíbulo del edificio. Las cámaras de seguridad tuvieron un papel fundamental en su detención: el hombre a menudo entraba en los portales sin taparse la cara o escondiéndose solo tras una capucha, haciendo que los investigadores pudieran identificarlo y relacionarlo con los hechos sin ningún tipo de duda.
Uno de los robos le salió mal: decidió repetir en uno de los edificios, pero, la segunda vez, algunos de los vecinos lo sorprendieron escondido en uno de los cuartitos y se vio obligado a huir, dejando atrás la bolsa que tenía llena de herramientas que usaba, supuestamente, para cometer los robos, a consecuencia de los cuales, algunas comunidades de vecinos se quedaron sin suministro de agua durante días.
Vendía el cobre sustraído en chatarrerías
La investigación también se centró en diferentes empresas de chatarra donde sospechaban que el ladrón podría intentar colocar las piezas de cobre y latón. Así, pudieron acreditar más de 42 ventas gracias a las facturas que le entregaban y que demostraban que había obtenido un beneficio económico de más de 3.000 euros. Por otro lado, los destrozos que ocasionó en las diferentes fincas se calcula que superan los 3.700 euros, aunque el valor real no se ha podido determinar.
