Muchas estafas empiezan de la misma manera: con un SMS. Este tipo de engaños —a los que no les queda mucho tiempo— ha causado muchos problemas a miles y miles de personas. A menudo engañan a las víctimas haciéndose pasar por el banco o cualquier otra persona o entidad y las dejan sin dinero. Aprovechan que se pueden esconder detrás de una pantalla para estafar, pero, a veces, los ladrones van más allá y no se limitan solo a vaciar la cuenta de sus víctimas, sino que también les roban las joyas y los objetos de valor. Además, ni siquiera tienen que colarse en su casa, sino que consiguen que las víctimas se lo dejen todo bien preparado. Así funciona la peligrosa "estafa del buzón".

Un engaño poco habitual

Todo empieza, como suele ser el caso, con un mensaje al móvil. Los ciberdelincuentes envían un SMS suplantando al banco y advierten a la víctima de un problema de seguridad muy grave en su cuenta. Una vez han despertado su curiosidad, les dicen que si quieren más detalles, deben llamar al número que indica el mensaje, y desde allí les podrán ayudar. De esta manera, los ladrones saben que si reciben una llamada es que han conseguido engañar a alguien y pueden continuar con el fraude, que va más allá de lo que cualquiera podría imaginar.

La primera parte es la típica: Los ciberdelincuentes suplantan a los trabajadores del banco y piden a la víctima que les indique los códigos que va recibiendo por SMS. Dicen que se trata de temas de seguridad, pero lo que están haciendo es acceder a su cuenta con la información y los códigos que el afectado les está dando sin ni siquiera saber qué está haciendo. Una vez que consiguen entrar, se llevan todo el dinero que quieren. Hasta aquí, todo es muy habitual, pero la parte sorprendente llega después de conseguir entrar en la cuenta bancaria.

No se conforman con la cuenta del banco

Los estafadores añaden que el peligro no es solo digital, sino que también se encuentra en su casa, y que podrían robarle todo lo que tiene. Por eso, dan una solución: que la víctima deje en el buzón todos sus objetos de valor y desde el banco se encargarán de trasladarlos a un lugar seguro mientras dure la amenaza. Visto desde fuera, puede parecer una excusa absurda, pero en el momento de pánico, se agradece que ofrezcan una solución y se cree que los falsos trabajadores buscan ayudar. Los delincuentes piden joyas, tarjetas de crédito, dinero en efectivo... cualquier cosa que puedan vender o gastarse, van a buscarlo y se lo llevan a su casa, dejando a la víctima sin recursos ni físicos ni digitales.