Antes de conceder un préstamo, los bancos revisan muy bien la solvencia del proyecto, las condiciones y el perfil del solicitante para asegurarse de que todo sale bien y de que el dinero que prestan vuelva a sus manos al cabo de un tiempo; bueno, el dinero que prestan y un beneficio extra. Al menos, así funciona la mayoría de las veces, pero incluso los trabajadores del banco pueden ser engañados por estafadores que, una vez reciben el crédito, se esfuman sin dejar rastro. Esto es exactamente lo que le ha pasado a la sucursal española de Société Générale, un banco francés que perdió cerca de 400.000 euros por fiarse del engaño de unos ciberdelincuentes.

Todo empezó como un préstamo normal y corriente: un hombre, Alejandro Vicente, contactó con el banco y les dijo que quería comprar un robot para su empresa. El hombre se dedicaba a construir barcos y, supuestamente, aquella máquina podía facilitarle mucho el trabajo, pero valía unos 400.000 euros y no tenía suficiente dinero. Desde el banco miraron todos los papeles y detalles del solicitante; todo parecía estar en orden y le concedieron el crédito. Según este plan, la empresa compraría el robot a un distribuidor específico, pero hubo un cambio de idea: en vez de comprárselo al distribuidor que habían dicho, pidió cambiar y comprarlo en otra empresa. El banco aceptó, pero dijo que cualquier diferencia en el precio era problema de Vicente.

El estafador desaparece sin dejar rastro

Durante los primeros dos meses, todo iba como la seda, pero a partir del tercero el banco dejó de recibir el dinero. Contactaron con el hombre y este les daba largas. Finalmente, pudieron visitar la supuesta fábrica, pero allí solo encontraron un barco a medio construir y ni rastro del robot. Poco después, el ladrón desapareció, dejando al banco en la estacada y sin el dinero. Cuando contactaron con la empresa que, supuestamente, le había vendido el robot, esta les dijo que no sabía de qué estaban hablando y que los datos que el estafador había presentado al banco ni siquiera eran correctos. De esta manera, Société Générale se quedó con un palmo de narices y con unas pérdidas muy importantes.

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