El impacto de sufrir una ciberestafa no solo es un choque económico muy fuerte, sino que, para la mayoría de las víctimas, es un golpe emocional devastador, al ver que se ha traicionado su confianza y que los ahorros de toda una vida —conseguidos con mucho esfuerzo y sacrificio— han desaparecido. Muchas veces, además, lo que parece el final de una pesadilla —es decir, ser consciente de haber sido víctima de una ciberestafa— puede ser, en realidad, el inicio de una segunda fase aún más cruel.
Los ciberdelincuentes, una vez se han llevado parte del dinero de la víctima, vuelven a ponerse en contacto con ella un tiempo después —sean días, semanas o meses— haciéndose pasar por agentes de la policía, abogados especializados o expertos en ciberseguridad y prometen recuperar todo lo que ha perdido. Los ciberladrones muestran mucha empatía y ofrecen una solución rápida y efectiva a cambio de un pago previo en concepto de impuestos, tasas u honorarios.
La víctima, que en la mayoría de ocasiones suele pertenecer a un colectivo vulnerable, acepta hacer esta pequeña inversión, con la esperanza de poder recuperar todo lo que ha perdido. Es en este momento, cuando el ciberladrón consigue de nuevo el dinero y vuelve a desaparecer del mapa, dejando un vacío económico y un daño emocional aún más profundo.
¿Cómo protegerse?
En caso de haber sido víctima de una ciberestafa, los expertos recomiendan anular las tarjetas bancarias cuanto antes mejor para evitar que los ladrones se lleven todo nuestro capital. Después, es importante denunciar los hechos en la comisaría de los Mossos d'Esquadra para que los agentes puedan investigarlos y saber qué hay detrás de este delito. Los expertos en ciberdelincuencia recomiendan usar el sentido común y no creer a ninguna persona que prometa una solución milagrosa.
