Tenía a su hijo agonizando en Brasil con un cáncer terminal, su marido la había abandonado, su hermano había muerto en un accidente, su sobrino estaba en coma y le habían bloqueado las cuentas corrientes. Todo esto es lo que una mujer le había hecho creer a una compañera de trabajo en las escuelas Fernando de los Ríos y Amís de Escalante de Torrelavega, en Cantabria, para darle pena y estafarle 4.630 euros que la víctima le había ido enviando por Bizum poco a poco pensando que la estaba ayudando.
Más de 4.000 euros estafados con historias inventadas
Todo empezó con pequeñas mentiras, como un mensaje de WhatsApp diciéndole que el cajero automático se había quedado con la tarjeta y necesitaba dinero urgente o que no podía gestionar la cuenta corriente sin su marido. Poco a poco, sin embargo, las historias fueron cada vez más elaboradas y enrevesadas. El estafador hizo creer a la víctima que su hijo tenía un cáncer cerebral y leucemia y que necesitaba enviarle el dinero. Posteriormente, le dijo que había muerto y que necesitaba más dinero para ir hacia su país para asistir al funeral.
Viendo que la víctima le facilitaba el dinero, la mujer continuó inventándose historias para conseguir aún más. Le dijo que su marido la había dejado por otra mujer, le había pedido el divorcio y le había bloqueado la cuenta corriente. Después se inventó que tenía un piso en propiedad, pero que no podía vivir en él porque lo había alquilado y la inquilina le exigía dinero para marcharse, que tenía un sobrino en coma o que su hermano había muerto en un accidente de tráfico en Brasil y había dejado una importante deuda económica por la que ahora la podrían matar a ella.
Un viaje a Marbella destapa la estafa
Finalmente, sin embargo, la víctima se dio cuenta de los engaños cuando comprobó el Facebook de quien pensaba que era su amiga y vio que había utilizado el dinero que le había enviado para irse de viaje a Marbella con su pareja. Cuando le reclamó el dinero, la estafadora rompió el contacto con ella después de amenazarla con denunciarla por "meterse en su vida privada" y asegurando que no iría a prisión porque no había robado el dinero, sino que era ella quien se lo había entregado voluntariamente.
Después de denunciarlo y abrirse una investigación, la Audiencia Provincial de Cantabria la ha declarado culpable al confirmar que ninguna de las historias que había dicho era real. La mujer no pudo acreditar ningún certificado de defunción ni ningún billete de avión a Brasil, y también se comprobó que nunca había tramitado un divorcio ni tenía ninguna vivienda en propiedad. Así pues, ha sido condenada a pagar una indemnización a la víctima y a un año y seis meses de prisión.