Barcelona, Madrid, Rabat, Lima o Nueva Delhi. Hoy en día, los ciberdelincuentes pueden esconderse en cualquier ciudad del mundo y cometer estafas telefónicas a otras personas, incluso en un idioma que no hablan. Con solo un vídeo de treinta segundos colgado en las redes sociales, es suficiente. Los ciberladrones, gracias a la inteligencia artificial generativa, clonan las voces de las víctimas, de las cuales han suplantado la identidad, y llaman a sus familiares, que también se convertirán en víctimas porque les intentarán robar todo el dinero.

En la conversación telefónica, el estafador asegura que ha perdido el móvil y que llama desde un teléfono nuevo y, después, explica que ha tenido un problema muy grave y que necesita una transferencia bancaria urgente para resolverlo. La víctima, al reconocer la voz de la persona a quien quiere y en quien confía, no lo duda ni un momento y envía aquello que le pide. Muchas veces no es consciente de que ha sido víctima de una ciberestafa hasta que pasan unos días, o incluso semanas, cuando pregunta a su familiar si ha podido resolver el problema y este no sabe de qué le hablan.

Una pregunta te puede proteger

Los expertos en ciberseguridad piden mantener la calma y, antes de hacer ningún ingreso de dinero, por muy pequeño que sea el importe que nos pidan, asegurarse de que la otra persona que se encuentra al otro lado de la línea es realmente nuestro amigo o familiar. Hay una simple pregunta que nos puede ayudar a descubrirlo: una cuestión muy personal e íntima, que solo aquella persona, que nos conoce de hace tiempo, puede responder. Si el interlocutor, cuando nos pide el dinero, se queda en blanco, quiere decir que nos han intentado estafar y la mejor opción es colgar inmediatamente y bloquear el teléfono para que no nos vuelvan a molestar.

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