Si tienes pensado visitar Brasil las próximas vacaciones de verano, es muy importante que conozcas el funcionamiento del Pix, un sistema de pago instantáneo que todo el mundo utiliza, ya sea para cantidades pequeñas, como por ejemplo un refresco en una parada en la calle, o cantidades más grandes, como liquidar la factura de un hotel. El servicio de Pix garantiza inmediatez a la hora de recibir el dinero, pero también tiene un punto débil, del cual se han aprovechado los ladrones con la estafa conocida como el "golpe da maquininha" o la estafa del datáfono.
Los estafadores se basan en la manipulación visual y la confianza de los turistas. En el momento de cobrar, el vendedor muestra un código QR que parece parte del proceso de pago, pero en realidad está vinculado a la cuenta corriente personal del ladrón, y no a la del negocio. La mayoría de las veces, además, aprovechan un momento de distracción de la víctima para introducir en el datáfono un importe mucho más elevado de lo que se debía pagar. Como el sistema, en teoría, es rápido y efectivo, el cliente confirma la operación por inercia, sin mirar los datos que aparecen en el teléfono.
Riesgo para los turistas
Para los turistas que visitan Brasil, el riesgo es muy elevado. Los viajeros utilizan aplicaciones móviles o tarjetas internacionales, que ya integran el sistema Pix para evitar que los turistas tengan que pagar comisiones de cambio de divisa o que tengan que llevar mucho dinero en efectivo. El problema principal de Pix es que las transferencias son irrevocables e instantáneas. Por lo tanto, a diferencia de una tarjeta de crédito convencional, cuando se acepta hacer el pago, el dinero ya no vuelve nunca a la cuenta corriente del comprador. El dinero llega a los estafadores en cuestión de segundos, haciendo que la víctima no pueda recuperar el dinero.
La mejor manera de protegerse es verificar siempre el nombre del destinatario y el importe exacto que aparecen en la aplicación antes de validar cualquier pago. Es muy importante pedir que el QR se genere en el momento en la pantalla del dispositivo del vendedor y desconfiar siempre de los códigos impresos o pegados en la mesa de la tienda. Además, hay que desconfiar de los vendedores que toquen demasiado nuestro teléfono con la excusa de ayudarnos en el proceso de pago.
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