Con solo treinta segundos, los ciberestafadores tienen suficiente para crear una estafa muy cruel que puede hacer mucho daño a las víctimas, no solo en el ámbito económico, sino también en el ámbito emocional y psicológico. Lo hacen, además, con dos herramientas que se encuentran al alcance de todos: la inteligencia artificial y las redes sociales. Los ciberladrones cogen vídeos de personas y les clonan la voz con IA generativa, de tal manera que la máquina es capaz de llamar a la víctima y mantener una conversación.

Quien recibe la llamada, al reconocer la voz de su familiar, no sospecha en ningún momento que tras la línea hay un ciberladrón frotándose las manos porque está a punto de llenarse el bolsillo. El delincuente, además, utiliza la ingeniería social, una técnica de manipulación psicológica para generar mucha ansiedad a la víctima y conseguir que haga lo que le pide.

La pregunta clave que nos puede proteger

Uno de los engaños más conocidos es el del hijo con problemas. Gracias a la voz clonada, el ladrón habla con la víctima, que acostumbra a ser su progenitor, y le explica que ha tenido un problema muy grave, como un accidente de tráfico, y que necesita dinero urgentemente para poder solucionarlo. La víctima, al reconocer la voz de su hijo, no lo duda ni un segundo y envía el dinero a la cuenta corriente que el ladrón le ordena. Acto seguido, el delincuente desaparece.

Hay muchas técnicas, sin embargo, que nos pueden ayudar a protegernos de este tipo de ciberestafa. En caso de recibir una llamada de nuestro hijo, pero desde un número de teléfono que no tenemos guardado, es importante hacer una pregunta personal, de aquellas que pocas personas saben responder, para poder identificar quién hay en la otra línea del teléfono. En caso de seguir teniendo dudas, la mejor opción es colgar y llamar al teléfono que sí que tenemos guardado para preguntar qué ha pasado. Los expertos en ciberseguridad también recomiendan tener privadas nuestras redes sociales, para impedir el acceso libre de los ciberdelincuentes a nuestra vida privada.

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