Las ciberestafas a menudo pasan desapercibidas, pero son uno de los delitos más habituales hoy en día. Hace años, la mayoría de los engaños iban dirigidos hacia las personas mayores o aquellas sin grandes conocimientos tecnológicos, ya que era más posible que cayeran en la estafa. Ahora, ya no se toman estas molestias; los fraudes digitales han evolucionado tanto que cualquier persona, incluso las profesionales, puede caer en una trampa en cualquier momento. Esta mejora preocupante se debe, en gran parte, a que los ciberdelincuentes han aprendido a organizarse y a colaborar para hacer que sus engaños sean mucho más convincentes que nunca.

Los estafadores han superado la fase de actuar por su cuenta y, muchos, han pasado a planear sus engaños conjuntamente, con expertos, para asegurarse de que funcionan. Según los profesionales, los ladrones forman grupos muy bien estructurados, con funciones claramente distribuidas entre los miembros. Algunos integrantes invierten dinero y dejan comentarios para hacer creer que las publicaciones fraudulentas en las redes sociales y los navegadores son reales; otros se hacen cargo de las cuentas que reciben las transferencias de las víctimas y un tercer grupo se ocupa de mover este dinero entre diferentes cuentas para hacer más difícil que se les rastree y de esta manera conseguir poner el dinero robado en circulación.

Vigilar ante los fraudes

Esta colaboración facilita muchísimo el trabajo de los ciberdelincuentes, ya que todos hacen una tarea en la que son expertos. La gran diferencia en esta evolución de las estafas es que ahora los ladrones dedican tiempo, dinero y esfuerzos a construir engaños creíbles. Páginas web fraudulentas idénticas a las reales, correos que simulan ser profesionales, SMS que llegan desde números oficiales... Los estafadores han creado un montón de métodos que pueden engañar incluso a los más preparados, por lo que es muy importante ir con pies de plomo cuando naveguemos por internet, sobre todo si se nos pide dinero o datos personales.