Largas listas de espera en las farmacias de Barcelona para comprar un termómetro electrónico; incluso los de galio, que se emplean de forma similar a los antiguos termómetros de mercurio, están agotados debido al coronavirus, uno de cuyos síntomas es la fiebre. Este es el panorama que podemos encontrar hoy en la capital de Catalunya, comunidad que en las últimas horas ha batido su récord de contagios y muertes por esta enfermedad -ya son 18.773 positivos detectados y 1.672 defunciones en la región; si bien no todo es negro, el número de altas es de 4.966 -. 

La incertidumbre que, paradójicamente, se ha convertido en nuestra única certeza, afecta tanto a los ciudadanos como al sector farmacéutico, que no sólo no puede atender la altísima demanda de un producto necesario en cualquier botiquín, sino que además debe enfrentarse a un floreciente mercado especulativo que pone tanto en riesgo su negocio como la salud y el bolsillo de sus clientes.

Ni un termómetro en venta

Núria Espona, propietaria de la Farmacia Catalunya, asegura que hizo un pedido de termómetros hace tres semanas y todavía los está esperando: “Todo se enlentece por las fronteras y las aduanas, y las otras alternativas al electrónico también están agotadas, así que ponemos a la gente en lista de espera, pero muchos clientes los piden en varias farmacias a la vez”, cuenta.

Una situación similar padece la Farmacia Diputació, donde en los albaranes de los laboratorios pueden leerse “no hay stock”.“Llevan diciéndonos que nos traerán el pedido desde la pasada semana y debería llegar ésta, pero no lo sabemos. Hace casi dos semanas que no tenemos nada”, confirma la farmacéutica, Sandra Caballero. 

Más contundente se muestra el también farmacéutico y presidente de la Federación de Asociaciones de Farmacias de Catalunya (FEFAC), Antonio Torres, quien afirma que “encontrar un termómetro hoy es imposible”. Para Torres, la deslocalización de este tipo de productos sanitarios, que se fabrican en su mayoría en Asia, es parte de un problema global, y vaticina que con el tiempo puede llegar a ocurrir como con las mascarillas y los guantes de látex, que la carencia de termómetros haga surgir todo tipo de especuladores. De hecho, ya está ocurriendo: 

“Me han llegado a ofrecer termómetros electrónicos por 60 euros la unidad”, dice. Y no duda en comparar la situación a la vivida durante La Ley Seca en los Estados Unidos, cuando la prohibición de consumir alcohol hizo emerger un imperio del mercado negro dirigido por mafiosos.  

“Las farmacéuticas tienen mucha presión; por una parte, se enfrentan a una demanda altísima y, por la otra, corren el peligro de alentar un negocio especulativo de termómetros sin garantía ni homologación”, apunta Torres. 

Si bien las farmacias parecen cumplir con su responsabilidad, FEFAC también hace un claro llamamiento a los ciudadanos para que “no se dejen estafar” por los oportunistas que proliferan en tiempos de escasez. 

Desbordados por la demanda

Mientras que las autoridades del Estado libran una dura batalla con quienes les acusan de falta de previsión y bloqueos de pedidos, en especial de mascarillas y guantes, la situación actual del mercado internacional en un contexto de pandemia es esencial para entender la escasez de material sanitario. 

De un lado está China, que centraliza la producción de termómetros y otro tipo de productos médicos y se quedó con parte de su fabricación al eclosionar el virus en su territorio para más tarde atender la urgente demanda europea. Del otro, la gestión que los gobiernos han hecho de la crisis, cuestionando las garantías del modelo de suministro y causando un bloqueo de algunos productos, como las mascarillas.

Al menos eso apunta Vicenc Calduch, presidente de Fedefarma, una de las mayores distribuidoras farmacéuticas del Estado español, quien agrega que, aunque la cadena de valor sanitario es muy eficiente, el coronavirus ha puesto a prueba nuestra capacidad de resistencia como sociedad.

“En un mercado global, la gente no quiere sólo un termómetro, sino dos; y las oficinas farmacéuticas están limitando el producto. Con todos los proveedores habiendo agotado stocks y una demanda disparada, hemos de evitar que se produzca un Dragon Khan de precios, más en un sector como el nuestro, que no está tan regularizado”, dice Calduch. 

También Alliance Healthcare, otras de las grandes distribuidoras, está trabajando junto a los laboratorios para brindar ayuda a las farmacias y los ciudadanos después de que la demanda de termómetros empezase a subir en el mes de febrero.  “Estamos monitorizando la situación a diario”, asegura Javier Casas, su director general.

¿Serán los termómetros el próximo oro sanitario después de las mascarillas, los geles desinfectantes y los guantes de látex? ¿Qué alternativa se le puede dar a una ciudadanía asustada y confinada que vive pendiente de ver si desarrolla alguno de los síntomas del coronavirus?