La Policía Nacional ha liberado a un hombre secuestrado en un restaurante de comida rápida en Lliçà d'Amunt, en el Vallès Oriental, donde lo tenían trabajando y viviendo en condiciones pésimas, recibiendo golpes e insultos, sin pagarle dinero y obligándolo a hacer el trabajo a cambio de la comida que sobraba. Según ha explicado la víctima a los agentes, lo hacían trabajar cada día, durante trece horas, sin ningún tipo de descanso ni vacaciones. No se ha revelado la edad ni del detenido ni del secuestrado, pero, según ha podido saber ElCaso.com, ambos son hombres pakistaníes.
El pasado 16 de diciembre, la Policía Nacional liberó al hombre de su cautiverio. Gracias a controles ordinarios que realizan los agentes del cuerpo, en materias de extranjería y de derechos de los trabajadores, descubrieron indicios de que podía haber un hombre secuestrado en un restaurante de kebab del municipio vallesano. Los policías entraron en el establecimiento, pudieron comprobar que así era, y liberaron al cautivo, que actualmente está a disposición de servicios sociales y ha podido recibir los recursos que necesitaba. La víctima explicó a los agentes la situación, que resultó ser peor de lo que se esperaban.
Explotado laboralmente a cambio de comida
El hombre explicó a los policías que había llegado ilegalmente a nuestro país diez meses antes, y que llevaba ocho meses atrapado en el local. Su jefe le prometió un contrato de trabajo, lo que le ayudaría a regularizar su situación, pero después le dijo que a cambio de hacerlo, quería 10.000 euros. El secuestrador también le metió el miedo en el cuerpo, diciéndole que si salía a la calle podía tener problemas con la policía y acabar expulsado del país. Por lo tanto, aunque técnicamente podía escapar durante las horas de servicio, la víctima estaba tan asustada que no tenía más remedio que quedarse allí. Por otro lado, cuando llegaba la noche, el propietario del local cerraba con llave, impidiendo que el secuestrado pudiera irse.
La víctima trabajaba unas trece horas diarias sin pausa ni vacaciones, a cambio de comida que sobraba y de un lugar donde dormir detrás del establecimiento, un espacio con unas condiciones de sanidad pésimas. Aparte de la decadencia de la situación, el trato era duro y cruel: cuando la víctima le pedía ropa para abrigarse en invierno, el secuestrador le decía que no, que tampoco moriría del frío, o cuando se quejaba de la higiene le decía que no le atacaría ninguna rata. Su jefe también le insultaba y le pegaba cuando consideraba que no hacía bien su trabajo.

No tenía alternativa
El trabajador confiesa que sabía que su situación era irregular e ilegal, pero que no podía hacer nada, que necesitaba el trabajo y no tenía otra forma de sobrevivir. A pesar del secuestro, decía que, al menos, de esta manera tenía un lugar donde dormir y un plato sobre la mesa. Tras la visita de los agentes, el hombre fue liberado y puesto a disposición de los servicios sociales. Por otro lado, se está decidiendo cómo puede afectar a su secuestrador, ya que estos actos superan un simple caso de explotación laboral, y podría acabar acusado de detención ilegal. Por ahora, se encuentra en manos del juzgado, que decidirá cuál es su destino.