Las empresas agrícolas de las comarcas de Lleida viven año tras año sabiendo que no podrán disponer de toda la cosecha que plantan. No se trata solo de inclemencias meteorológicas o de animales como conejos o corzos que se cuelan en sus huertos y se comen las frutas y verduras, que pasa, sino que desde hace tiempo los ladrones también entran a robar. Ya se ha convertido en un "problema endémico", tal como ha explicado Oriol Pujol, uno de los responsables de La Cistella de Montgai a ElCaso.com, quien asegura que el problema es sobre todo que estos delincuentes "entran de cualquier manera" y provocan importantes destrozos en las instalaciones.
El objetivo de estos ladrones son frutas y verduras que se pueden llevar fácilmente, como las calabazas o los tomates, pero muchas veces lo estropean todo durante los robos. "Si vienes al huerto y pides un par de kilos de tomate, te los daremos, pero el problema es que entren a robar y lo destrocen todo", apunta Oriol. En este sentido, los ladrones arrancan las plantas directamente de la tierra y rompen los sistemas de riego y las bombas de presión del agua. Además, en un sector donde se trabaja la fruta de temporada, el hecho de que se robe gran parte de la cosecha significa que se debe dar todo el tiempo y la inversión por perdidos y ya no se podrá volver a plantarlo hasta el año siguiente.
Se han encontrado la fruta robada a la venta en mercadillos
Uno de los hechos más llamativos con que se han encontrado los responsables de la empresa es que, después de que les hayan robado la fruta, se la han encontrado a la venta en algunos mercadillos de las poblaciones de los alrededores. No lo han denunciado porque no están 100% seguros y tienen miedo a posibles represalias, pero están convencidos de que son sus calabazas porque se trata de una variedad poco común. La empresa se dedica a trabajar semillas antiguas que utilizaban sus antepasados y que la gran mayoría de agricultores, aunque es un producto muy bueno, dejaron de plantar porque eran poco productivas y pasaron a hacerlo con otras más rentables.
En su caso, en el que se dedican a todo el proceso del cultivo, desde el plantel para hacer las semillas hasta la venta de los productos finales, este tipo de robos supone un gran perjuicio, tanto en cuanto al valor económico como por la pérdida de tiempo que genera, ya que muchas veces no es la plantación que les roban en el momento, sino que también afecta a cultivos que puedan hacer en un futuro. No obstante, no se puede denunciar a los ladrones porque es muy difícil saber quiénes son si no se les pilla in fraganti cuando actúan, sobre todo de madrugada.
Les roban las frutas y verduras, pero también el material
Más allá de robarles las cosechas, esta empresa agrícola también ha tenido que sufrir la ola de robos de cobre y material agrícola que en los últimos meses se vive en Ponent. En su caso fue hace unas dos semanas, cuando los ladrones se llevaron una hormigonera que tenían en un cobertizo de uno de los huertos. A pesar de que tienen un perro mastín, los asaltantes usaron una de las ruedas de tractores que tienen para entretener a las gallinas para tirársela encima y dejarlo inmovilizado.
Ante todos estos robos, sin embargo, pocas cosas pueden hacer para protegerse. En el caso de los animales, especialmente los conejos, que pueden acceder y comerse el cultivo, tienen unas vallas perimetrales para evitar que se cuelen, pero con los ladrones la cosa es muy diferente. De los tres huertos que tienen entre Montgai y Penelles (Lleida), solo han podido cerrar uno, el más pequeño, que utilizan más para hacer actividades educativas, pero en los otros es muy complicado hacerlo porque tienen unas dos hectáreas.