La situación en las prisiones catalanas se ha vuelto completamente insostenible. Con esta palabra define el sindicato UGT Presons la experiencia que viven diariamente los trabajadores de los centros penitenciarios de nuestro país, especialmente en Brians 2, en Sant Esteve Sesrovires, en el Baix Llobregat. Ayer, domingo 2 de agosto, los funcionarios de la prisión vivieron varias situaciones diferentes que dejaron algunos heridos. La situación se descontroló hasta el punto de que los trabajadores necesitaron la ayuda de algunos reclusos para restablecer el orden en el centro; una imagen que deja bien clara la situación de precariedad a la que se enfrentan las prisiones de nuestro país, donde los funcionarios no tienen suficientes recursos para hacer frente a los problemas que causan los reclusos.
Tres casos graves en un solo día
Según explica el sindicato, el incidente más grave tuvo lugar de buena mañana en el módulo 11. Un funcionario quería hablar con uno de los prisioneros por un problema que había tenido con su compañero de celda. El recluso, sin embargo, se enfadó y atacó al trabajador, dándole fuertes golpes en el brazo y en el hombro. El agresor se resistió a los intentos de retenerlo. El interno continuó dando golpes y haciendo caer a los funcionarios que se esforzaban por controlar la situación y a todos los prisioneros que se habían acumulado allí. Finalmente, se pudo resolver la situación gracias a la intervención de algunos de los presos, que decidieron ayudar a los trabajadores a mantener el orden. El sindicato ha calificado la situación de "absolutamente inadmisible" y considera que muestra claramente el estado actual de las prisiones: un espacio donde los funcionarios necesitan la ayuda de los reclusos para mantener el orden. Los hechos han dejado a uno de los trabajadores con una lesión en la muñeca.
Este, sin embargo, no fue el único incidente del día. En el módulo 5 un interno se autolesionó, haciéndose varios cortes en los antebrazos con una hoja afilada. Cuando se le localizó estaba muy alterado, cubierto de sangre, golpeándose la cabeza contra la pared y con el objeto punzante en la mano. Cuando los funcionarios lo intentaron ayudar, el preso los atacó, intentando cortarlos, para mantenerlos alejados. Los funcionarios consiguieron sujetarlo, desarmarlo e impedir que continuara dándose golpes con la pared.
Finalmente, a la hora de comer, mientras 99 reclusos entraban al comedor, empezó una discusión entre internos. Uno de los implicados tenía lesiones en el cuello y afirmaba que otro lo había herido. El jefe de unidad, que en aquel momento se encontraba solo, ordenó que el supuesto agresor lo acompañara, y este se puso violento, profiriendo insultos y amenazas de muerte contra el recluso que lo había delatado, y se tuvo que mover al individuo por la fuerza. El hombre se escurrió mientras lo agarraban y fue hacia el otro interno con los puños cerrados y en una actitud claramente violenta. Finalmente, fue necesario interceptarlo y reducirlo en el suelo para evitar más problemas.
El sindicato estalla
El sindicato está harto de este tipo de situaciones cada vez más habituales, y afirma que, si las prisiones continúan funcionando, es gracias a la labor de los funcionarios que se juegan la piel para mantener el orden ante prisioneros violentos y, en algunos casos, armados. Para intentar recuperar el respeto de los reclusos, UGT Presons pide que cualquier agresión, amenaza grave, resistencia violenta o ataque contra un profesional sea considerado delito de atentado contra la autoridad y comporte la pena pertinente.
