Tres adolescentes apaleados las últimas semanas en Catalunya con un elemento en común: los agresores lo grabaron todo y las imágenes se hicieron virales en las redes sociales. Pero, ¿qué se esconde detrás? ¿Qué es el fenómeno del happy slapping y qué consecuencias tiene en la víctima? Os damos respuesta a estas preguntas en un nuevo capítulo de ElCaso Exprés.
Recordemos los hechos. A finales de marzo, tres jóvenes —dos de ellos menores— engañaron a Izan, un chico de L'Arboç con discapacidad, para que quedara con ellos en un parque, donde lo apalearon y le robaron 40 euros. Como decíamos, grabaron el brutal ataque y difundieron las imágenes por Internet para humillarlo. El vídeo, sin embargo, permitió identificarlos y detenerlos. Y no solo eso: algunos jóvenes hicieron justicia por su cuenta y enviaron a uno de los agresores de Izan al hospital después de golpearlo brutalmente como venganza. De nuevo, con un vídeo viral del ataque.
Pocos días después, ya en abril, salieron a la luz las imágenes de una nueva agresión, en Sant Joan de Vilatorrada, en las cuales un menor de edad dejaba a otro prácticamente inconsciente a base de violentas patadas. Tres otros jóvenes presenciaron la paliza sin intervenir, mientras una chica lo grababa todo. De nuevo, imágenes de mucha violencia que corrieron por las redes como la pólvora.
La bofetada feliz
Este fenómeno, el de grabar las agresiones para colgarlas en Internet, se conoce como happy slapping, es decir, “bofetada feliz”. Los jóvenes graban una agresión, sea verbal, física o incluso sexual, y la difunden a través de las redes sociales. Desde ElCaso.com hemos hablado con el neuropsicólogo Rafael Pérez para intentar averiguar qué les pasa por la cabeza a estos adolescentes que deciden convertir el dolor de la víctima en espectáculo.
Pérez explica que la mayoría de estos jóvenes buscan la aprobación externa a través del like fácil con el objetivo de ganar un estatus dentro de su grupo de amigos. La viralización casi inmediata de este tipo de vídeos funciona como refuerzo positivo y hace que las probabilidades de que los hechos se vuelvan a repetir o, incluso, que los repliquen otros adolescentes, sean muy altas. La violencia acaba por normalizarse y convertirse en una diversión más.
¿Cómo es el perfil del agresor?
En cuanto al perfil de los agresores, el psicólogo afirma que se trata de jóvenes muy impulsivos y con dificultades para regular sus emociones, y remarca especialmente un déficit de empatía o de habilidades sociales; un entorno familiar complicado y la exposición a contenido violento en Internet también tendrían algo que ver.
Las consecuencias que todo esto puede generar a la víctima van desde un estado de hipervigilancia hasta el estrés postraumático, pasando por la ansiedad y la depresión, con alteraciones graves en sus relaciones interpersonales. En el caso concreto de Izan, el chico explicó que desde la agresión tiene muchas dificultades para dormir y sufre pesadillas constantes.
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