Camila, la mujer asesinada en Barcelona a manos de su marido, había sido detenida dos semanas antes acusada de agredir a sus hijos, pero el juez la había dejado en libertad. Lo hizo, sin embargo, denegando la petición que había hecho la Fiscalía para proteger a los menores. El Ministerio Público, como el padre, había pedido que se la echara de casa, se le buscara un alojamiento y se le impusiera una orden de alejamiento hacia los niños. El magistrado no lo consideró necesario y la Fiscalía presentó recurso, pero en el momento del crimen todavía no se había resuelto.
Que la mujer se fuera de casa para proteger a los niños
En un comunicado en el que ha condenado el crimen y ha trasladado la solidaridad a familiares y amigos de la víctima, la Fiscalía de Barcelona ha explicado en qué estado se encontraba el procedimiento que se había iniciado a raíz de una denuncia del padre contra la mujer por "presuntos episodios de violencia ejercida por la madre sobre los dos hijos menores de edad". En este sentido, recalcan que lo asumió el juzgado de violencia contra la infancia, de nueva creación, y no se investigó ningún otro tipo de violencia dentro de la pareja. El único objetivo que se habían establecido era proteger a los menores.
Al hacer una valoración de la situación en que vivían los dos niños, la Fiscalía consideró necesario adoptar medidas cautelares de protección, como ya había pedido también el padre, para "evitar que los menores continuaran expuestos a un contexto familiar que podía resultar perjudicial para su seguridad y para su adecuado desarrollo". Es por eso que pidió al juez que la mujer se fuera de casa y se le buscara una alternativa residencial, además de imponerle una orden de alejamiento, pero el juez lo denegó. El Ministerio Público, viendo que había riesgo de que la situación se pudiera volver a repetir, presentó un recurso volviéndolo a pedir, pero todavía no había habido ninguna resolución.
Asesinada a manos de su pareja
El pasado martes, sobre las ocho menos cuarto de la tarde, el marido la mató clavándole una decena de puñaladas delante de los hijos en el piso donde vivían en la calle Andrade de Barcelona. Acto seguido, el hombre huyó en coche y lo abandonó en la calle Palència, donde lo encontraron quemado. Finalmente, ya de madrugada y con los Mossos y diferentes policías del área de Barcelona detrás de él, el hombre se presentó en una comisaría de la policía catalana, todavía lleno de sangre, y quedó detenido. La Divisió d'Investigació Criminal (DIC) de los Mossos mantiene abierta la investigación para esclarecer el crimen.