Los ciberestafadores saben siempre qué hacen y todas sus acciones han sido bien pensadas previamente. Incluso eligen a sus víctimas, personas mayores o vulnerables que se encuentran solas y de las cuales saben qué palabras exactas tienen que decir para que piquen el anzuelo y después poderlas engañar. Hay, además, una modalidad de estafa muy cruel, donde no solo se hace daño en el bolsillo después de llevarse los ahorros de toda una vida de la víctima, sino que también se hace daño en el corazón, porque los ladrones enamoran a las víctimas para robarlas y desaparecer.

De noticias relacionadas con los estafadores del amor hay muchas. Personas que conocen a alguien por internet y, cuando hay la suficiente confianza, les piden dinero, alertando de un supuesto problema, o incluso gente que dice que vive en otros países y pide parte de los ahorros de la víctima para comprar billetes para conocerse. Un vuelo que nunca cogerán. Ahora, gracias a la inteligencia artificial, los ciberdelincuentes han encontrado la herramienta perfecta para no solo engañar a los ciudadanos, sino también para hacerlo de una manera que evita que la víctima levante sospechas.

El príncipe de Dubái

Uno de los últimos casos es el de una mujer que conoció a un hombre a través de las redes sociales que aseguraba que era un príncipe de Dubái. El hombre, según informa El Correo, convenció a la víctima para que pagara mucho dinero para conseguir los papeles para vivir una vida muy feliz y llena de lujos en los Emiratos Árabes. El ciberdelincuente, gracias a la IA, llegó a hacer vídeos, con el fin de hacerlo todo más real.

Lejos de la realidad, cuando el ladrón consiguió lo que quería, desapareció, dejando a la víctima sin la felicidad que le prometió y sin los ahorros que, probablemente, durante muchos años había tardado en conseguir. Ante este tipo de perfiles, los expertos en ciberdelincuencia recomiendan desconfiar, especialmente de aquellas personas que prometen un amor eterno prácticamente desde el primer momento, pidiendo dinero, sin haber conocido a la otra persona y sin haber tenido, previamente, una cita presencial.

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