El pasado 27 de abril, un hombre de 30 años, vecino de Salt y de origen marroquí, destrozó la puerta de cristal de la comisaría de la Policía Local de Malgrat de Mar (Barcelona) de una pedrada. Cuando los agentes se le acercaron para detenerlo, se entregó de buen grado, asegurando que quería que lo enviaran a la cárcel. Su comportamiento, si bien extraño, no era una novedad: una semana antes atacó a un agente de los Mossos d'Esquadra en Girona y, el día anterior al incidente de Malgrat, se desplazó hasta Barcelona, donde provocó altercados en un Centre d'Atenció Primària (CAP). En todos los casos lo detenían, pero siempre acababa en libertad. Hasta este lunes, 4 de mayo.
Dos semanas de delincuencia persistente
La trayectoria delictiva de este antisocial hasta acabar encarcelado comenzó el pasado 20 de abril. Aquel día, cuando faltaban cinco minutos para las dos de la tarde, el hombre entró tranquilamente en la comisaría de los Mossos d'Esquadra de Girona, se dirigió al agente que había en ese momento en la recepción y le preguntó si era policía. Según ha podido saber ElCaso.com, tan pronto como este respondió de manera afirmativa, el hombre lo empujó con mucha fuerza. Los policías que estaban en la puerta entraron rápidamente al darse cuenta de la situación y lo arrestaron, acusado de atentado contra un agente de la autoridad. Cuando le preguntaron por qué había hecho lo que había hecho, el individuo fue claro: "Quería que me detuvierais".
Después de quedar nuevamente en libertad, probó suerte en un centro médico de Ciutat Vella, en Barcelona. El 26 de abril, alrededor de la una del mediodía, según ha podido saber ElCaso.com, se plantó en un CAP de este distrito y comenzó a comportarse de manera errática y agresiva, provocando mucha inseguridad entre los presentes. Se avisó a los Mossos y el hombre continuó haciendo alboroto, hasta que lo consiguieron reducir y detener, acusado de resistencia y desobediencia a los agentes. Al día siguiente protagonizó el ataque a la comisaría de Malgrat de Mar y, pocos días más tarde, el día 30 de abril, volvió a Girona.
Aquella madrugada, a las tres menos cuarto, se dirigió nuevamente a la comisaría de la policía catalana. En vez de entrar, como había hecho días antes, cogió una silla de la terraza del bar que hay justo delante y empezó a golpear un coche patrulla, según ha podido saber este medio. Cuando los agentes se dan cuenta y salen para detenerlo, se encara con ellos y los amenaza; nuevamente, lo detienen, acusado de un delito de daños, otro de amenazas y también de resistencia y desobediencia. Después de pasar la noche en los calabozos, pasó a disposición judicial y quedó en libertad. Y no perdió el tiempo: poco después de las cuatro de la tarde entró en un supermercado y empezó a abrir y romper botellas de alcohol. Cuando una de las trabajadoras le llamó la atención, la amenazó. El desbarajuste continuó hasta la llegada de los agentes, que, de nuevo, procedieron a detenerlo por un supuesto delito de daños y otro de amenazas.
Atraca dos farmacias en un día
El historial de este hombre continuó sumando delitos. El 1 de mayo, el Día del Trabajador, tan pronto como puso un pie de nuevo en la calle, decidió que, en esta ocasión, atracaría una farmacia. Así, hacia las doce del mediodía, entró en una y amenazó a las trabajadoras con los fragmentos de una botella de cristal que segundos antes se sacó de los pantalones y estampó contra el suelo. Las mujeres, asustadas, dejaron que cogiera él mismo el dinero de la caja antes de huir.
Seguramente, el éxito de este primer robo lo incentivó a cometer un segundo, ahora, en Salt. Hacia las cinco y media de la tarde, llamó a la puerta de una segunda farmacia. Cuando la trabajadora, que pensaba que se trataba de un cliente, le abrió la puerta, repitió el mismo modus operandi que al mediodía: se sacó una botella de los pantalones, la rompió y amenazó con hacer daño a la mujer si no le dejaba coger la recaudación del día. Cuando ya se iba con las manos llenas de billetes, perdió unos cuantos y, al recogerlos, se le cayó la documentación.
Finalmente, ingresa en prisión
Gracias a este descuido, se le pudo identificar plenamente, relacionándolo con todos los demás delitos, y los agentes de la Unitat d'Investigació (UI) de la comisaría de Girona lo volvieron a detener este lunes, acusado de dos robos con violencia e intimidación. Al fin y al cabo, consiguió lo que, al parecer, hacía semanas que intentaba: ingresar en la cárcel. Y es que, después de ser puesto a disposición del Juzgado de Instrucción en funciones de guardia de Girona, el magistrado titular decidió enviarlo entre rejas.
El motivo de su insistencia en ser encarcelado y la violencia de sus actos continúan siendo un misterio. Con todo, durante un tiempo las calles de Girona y Salt —y también de otros municipios— permanecerán más tranquilas sin este individuo recorriendo sus calles.