Cuando vamos a la playa, esperamos encontrarnos con bañistas, toallas, pelotas o sombrillas, pero a veces, bajo la arena, se esconden otras cosas que, en algunos casos, pueden ser realmente peligrosas. En la playa de Roses, en el Alt Empordà, se ha hecho un hallazgo sorprendente que, si bien causó cierto pánico al inicio, afortunadamente no ha causado ningún daño. Enterrada entre la arena se encontró una mina de la época de Napoleón que, por suerte, había quedado inutilizada con el paso del tiempo y ya no representaba ningún peligro para las personas que habían ido a pasar el día en la playa.
Hacia las cinco de la tarde de este lunes 11 de mayo, mientras se realizaban unas obras delante de la oficina de Turismo de Roses, se encontró el extraño aparato. Cuando los trabajadores vieron el objeto, metálico, oxidado y claramente afectado por el paso del tiempo, no quisieron correr ningún riesgo y, ante la posibilidad de que fuera una bomba, avisaron rápidamente a la policía. Hasta allí se desplazaron agentes del TEDAX (Técnicos Especialistas en la Desactivación de Artefactos Explosivos) de los Mossos d'Esquadra, así como patrullas de la Policía Local de Roses para hacerse cargo de la situación. Los agentes acordonaron la zona y cerraron el paso al paseo y a la playa para evitar que nadie se acercara demasiado ni resultara herido en caso de que la situación se torciera.
Explosivo neutralizado
Cuando los TEDAX revisaron el explosivo, confirmaron que se trataba de una mina de la Guerra del Francés, de entre 1808 y 1814, con más de 200 años de antigüedad. El explosivo tenía unos 30 centímetros de diámetro y pesaba unos 80 kilos, según avanza el Diari de Girona y han confirmado los Mossos a ElCaso.com, y estaba en muy mal estado a causa del paso del tiempo, lo cual asustó a los policías, pero, después de examinarlo más a fondo, vieron que no tenía pólvora. Para solucionar el problema, los Mossos llenaron la mina de agua por un agujero que tenía y después la vaciaron, para asegurarse de que no quedara nada en el interior y así no tener que detonarla. Finalmente, una vez que el artefacto ya no representaba un peligro, se trasladó al museo de la Ciutadella de Roses como muestra del patrimonio cultural del municipio.
