Los preocupantes comentarios de niñas de entre 5 y 10 años que asistían a clases de artes marciales encendieron todas las alarmas en Salt (Girona). “Tengo mucha flexibilidad cuando hago el spagat porque Narciso me da masajes en la vulva” o “Narciso me ha dado un masaje en la ingle en el vestuario” fueron los primeros indicios de que algo estaba sucediendo con el sensei de un gimnasio.

Tres años después de esto, el caso se ha resuelto y Narciso Pérez ha sido condenado a 30 años de cárcel​ por abusar de menores en sus clases. El hombre llevaba desde 2016 haciendo tocamientos a sus alumnas y usaba siempre el mismo método: se aprovechaba de ellas mientras les hacía hacer estiramientos.

Narciso "les daba masajes" mientras estiraban

En concreto, el monitor les hacía que se tumbaran en el suelo con los glúteos y las piernas en un ángulo de 90 grados. Una vez las pequeñas se ponían en esa posición, les introducía la mano en el vientre y la dejaba caer debajo de sus pantalones y ropa interior. Entonces, les hacia tocamientos.

Para que no le descubrieran, el hombre les decía que no se lo dijeran a sus compañeras, porque si no “ellas también querrían que les diera masajes”.  Pero los extraños comentarios que hacían las pequeñas en casa alertaron a los padres, que se pusieron en contacto con los Mossos d’Esquadra.

Los abusos salieron a la luz

Las sospechas empezaron cuando una niña de 8 años contó a su madre y a su abuela que era muy flexible gracias a “los masajes en la vulva” que le daba Narciso. La madre temió que pudiera tratarse de un caso de abuso y le preguntó directamente a su hija, que lo confesó todo.

La policía inició una investigación y advirtió a los otros padres de lo que estaba sucediendo en el gimnasio. Cuando estos preguntaron a sus hijas, las niñas explicaron que ese tipo de “masajes” eran una práctica habitual del profesor y relataron lo que les hacía. En concreto, salieron cinco víctimas más: una niña de 5, una de 6, dos de 8 y una de 10.

Inicialmente, el monitor se enfrentaba a 46 años de prisión por abusar de ocho menores, pero la Audiencia considera que no ha quedado probado que hiciera tocamientos a dos de las víctimas, que en el momento de los hechos tenían 15 años. Finalmente, ha sido condenado a 30 años de cárcel por seis delitos continuados de abuso sexual a menores de 16 años con prevalencia.