Joan S. y Ángela se conocieron jugando al trivial. Este vecino de Caldes de Montbui (Barcelona) le envió un mensaje a la niña de once años de Alicante a través de la aplicación Preguntados, un juego online de preguntas de cultura general. La menor no respondió de primeras, pero ante la insistencia del hombre decidió contestarle al número de móvil que él mismo le había proporcionado. Durante casi dos semanas, ambos estuvieron intercambiándose vídeos sexuales hasta que el padre de la pequeña descubrió la conversación y denunció los hechos.

La investigación policial permitió identificar al propietario del teléfono utilizado para enviar los mensajes y, casi cinco años después, el caso ha llegado esta semana a la Audiencia Provincial de Barcelona. Joan se ha sentado en el banquillo de los acusados por los delitos de amenazas condicionales, elaboración de pornografía infantil sobre menores de trece años y exhibicionismo. El imputado ha admitido las conversaciones, pero ha asegurado que no conocía la edad de la víctima y que nunca la amenazó. El fiscal pide casi 13 años de prisión para el acusado.

Miedo

Los hechos tuvieron lugar durante el mes de diciembre del 2014. Ángela se encontraba jugando al trivial a través del perfil que se había creado en la aplicación Preguntados, cuando recibió un mensaje de un desconocido. "Como te llamas? Quieres follar?", escribía su interlocutor. La niña -que entonces tenía once años- optó por no contestar. Sin embargo, un nuevo mensaje apareció en la bandeja de entrada del chat de la plataforma: "O me contestas o te mato! Este es mi número de teléfono, háblame por el WhatsApp o te mato".

Ante las amenazas, la menor decidió responderle enviando un mensaje al móvil que el otro usuario de la aplicación le había proporcionado. Según ha declarado Ángela ante el juez, el acusado le pidió fotos de sus pechos y de sus genitales. La víctima accedió porque el hombre continuaba amenazándola y tenía miedo. A cambio, el imputado también le envió fotografías sexuales, pese a que la menor asegura que en ningún momento se las pidió.

Vídeo y escándalo

El último día que ambos conversaron, el acusado le pidió a la niña que le enviara un vídeo masturbándose y le pasó una grabación en la que él hacía lo propio. Movida por el miedo, la menor se grabó y le envió el vídeo sexual al hombre. En ese momento, la hermana de Ángela entraba en la habitación y le quitaba el móvil a la menor. La familia de la niña estaba preocupada porque llevaba días encerrada en su habitación y esta acción servía para que la víctima abandonara su cuarto en busca del teléfono. 

La hermana de la menor le entregó el móvil a su padre y él comprobó escandalizado los mensajes que se había enviado su hija con un desconocido. "Estábamos enfadados porque le había pasado algo así y no nos había dicho nada", ha señalado el progenitor de la víctima en su declaración. Tras leer una parte de la conversación, el padre decidió volcar los archivos en un USB y presentar una denuncia en una comisaría de Alicante.

30 años

Los agentes que se hicieron cargo del caso analizaron el móvil de Ángela y constataron que había toda una serie de archivos con contenido sexual y que en algunos mensajes de la conversación con el acusado, el hombre la amenazaba con matarla. Tras localizar el terminal desde el que se enviaban las fotografías y el vídeo, la policía identificó a Joan como el propietario del móvil.

"En ningún momento obligué a nadie a nada. La conversación había subido un poco de tono y le envié un vídeo masturbándome", ha explicado el imputado ante el tribunal. Joan ha negado que amenazara a la víctima y ha asegurado que no pensaba que Ángela era menor de edad. "No lo sabía. Si lo hubiera hecho, esto se habría acabado antes de empezar. Ella me dijo que tenía 30 años", ha afirmado. 

Vergüenza

Según la versión de Joan, él se dio cuenta de que era menor cuando recibió el vídeo de la pequeña masturbándose. "Vi que algo no iba bien. Estaba tan sumamente avergonzado. Todo es fruto de un malentendido y es algo que me ha pesado durante estos años", concluía. Sin embargo, este relato contrasta con el testimonio de la niña, que ha reiterado que le contó que tenía once años desde el primer momento en el que empezaron a hablar.

La fiscalía pide para el acusado una pena de doce años y once meses de prisión por los delitos de amenazas condicionales, elaboración de pornografía infantil sobre menores de trece años y exhibicionismo. Además, demanda una orden de alejamiento de la víctima de un kilómetro.