Susana denunció a su amigo Gregorio H. el 18 de diciembre del 2017. Ambos se conocían desde hace casi dos años y el hombre se encargaba de cuidar en numerosas ocasiones a los dos hijos de esta vecina de Cornellà de Llobregat (Barcelona). Los dos niños tenían una gran relación con él, pero su favorito siempre había sido A., que tenía por entonces cinco años. La primera vez que la madre le preguntó a su hijo por los abusos de su cuidador, este lo negó. Sin embargo, durante un baño, el pequeño le reveló a Susana el secreto que llevaba meses guardando.

Gregorio se ha sentado este miércoles en el banquillo de los acusados por dos delitos de abuso sexual continuado a menores de 16 años. Además, el fiscal le imputa un delito de exhibición de material pornográfico a menor de edad y uno de posesión de pornografía infantil para uso propio. El Ministerio Público pide una condena de 25 años y seis meses de prisión para este hombre, que ha admitido que había tocado los genitales de los menores mientras los bañaba, pero que ha negado cualquier tipo de acceso carnal.

Baños y cena

Los hechos tuvieron lugar durante el año 2017 en el domicilio de las dos familias afectadas en la localidad de Cornellà de Llobregat. El acusado llevaba varios meses ayudando a Susana a cuidar a sus dos hijos. Él se encargaba de llevar a los niños a casa después del cole, les preparaba la cena y ayudaba al pequeño A. de cinco años a bañarse. Durante este tiempo, la madre detectó algunos comportamientos extraños en los dos menores, pero en ningún momento pensó que se podría tratar de un caso de abusos.

"Éramos muy amigos. Casi familia. Sí que veía cosas raras, pero no lo asociaba con esto", ha señalado la progenitora ante el juez. Susana empezó a sospechar tras una visita de Fatiha, la mujer que llevaba desde principios del mes de noviembre alquilándole una habitación de su casa por 170 euros a Gregorio. Esta vecina del mismo municipio le contó que el hombre había abusado de su hijo S., de también cinco años. 

Confesión

Ante el aviso de Fatiha, la madre de A. le preguntó a su hijo si su cuidador le había tocado en algún momento. Él respondió que no y siguió jugando. Al día siguiente, mientras Susana bañaba al pequeño, el niño le confesó que Gregorio le ponía la boca en sus genitales y le metía el dedo por el ano. También le contó que intentó penetrarle analmente, pero que no llegó a hacerlo porque le dijo que le hacía daño. Estos presuntos abusos tenían lugar en el lavabo del domicilio familiar, mientras el hombre bañaba al pequeño con el pestillo de la puerta puesto. 

Según ha explicado Susana, en los últimos meses, A. había perdido peso y en el colegio le veían "desmotivado" y "agresivo" con el resto de los alumnos. El pequeño fue tratado desde que se denunciaron los hechos en la Unidad Funcional de Abusos al Menor (UFAM) del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y tres años después de los abusos, continúa precisando que se realice un seguimiento porque sigue "cohibido" y con "poca confianza" hacia la gente.

El secreto

En el caso del hijo de Fatiha, los abusos tenían lugar en la habitación que tenía alquilada en la casa el imputado. La madre de S. se lo había encontrado en alguna ocasión en el cuarto junto a Gregorio, pero como el pequeño le tenía mucho cariño, jamás sospechó nada. Sin embargo, a mediados del mes de diciembre, el niño le contó a su progenitora que el acusado y él "tenían un secreto". Intrigada, Fatiha le preguntó cuál era y tras varios intentos consiguió que el menor le explicara que el hombre le "enseñaba guarrerías en una Tablet". Las imágenes que describía S. eran escenas de sexo entre adultos.

La madre le insistió a su hijo y este también reveló que Gregorio le obligaba a ponerse de cuatro patas, le enseñaba sus genitales y -tras ponerse una "bolsa azul"- intentaba penetrarle analmente. Además, en una ocasión, el imputado le dijo al pequeño que le chupara los genitales como un "chupachup". Ante la cara de horror de Fatiha, S. le explicó que podía estar tranquila porque se había "lavado los dientes" después y ya estaba "limpio".

Tocamientos

"No niego que le toqué el pene cuando me tocaba bañarlo, pero nunca hubo acceso carnal", ha señalado el acusado en referencia a los abusos a A. ante el tribunal de la sección séptima de la Audiencia de Barcelona. Gregorio ha asegurado que tampoco tenía pornografía ni en la Tablet ni en el móvil y que él recogía a los menores del colegio y que a veces iban a pasear o los llevaba al Tibidabo, al cine o incluso al parque acuático de Isla Fantasía.

La fiscalía pide para el imputado una pena de 25 años y seis meses de prisión por dos delitos de abuso sexual continuado a menores de 16 años, uno de exhibición de material pornográfico a menor de edad y uno de posesión de pornografía infantil para uso propio. Además, demanda una orden de alejamiento de mil metros de los dos pequeños y una indemnización de 5.000 euros para cada una de las familias afectadas.