Usman A. regentaba una tienda de telefonía entre marzo y abril del 2013 en el Prat de Llobregat (Barcelona). Este hombre de 35 años y nacionalidad paquistaní se encontraba una mañana atendiendo a la clientela que había acudido a su local en la calle Jaume Casanovas cuando un niño de once años entró por la puerta. El menor quería información para comprarse un móvil y el responsable del establecimiento le pidió que se pasara por la tarde antes de cerrar, cuando la situación estuviera más tranquila. El pequeño volvió a las nueve menos cuarto y Usman le invitó a pasar a la trastienda. Cuando los dos salieron de la habitación al cabo de un rato, el niño estaba paralizado.

El caso ha llegado esta semana a la Audiencia Provincial de Barcelona por un presunto delito de abuso sexual a menor de trece años. La fiscalía pide para el responsable de la tienda de telefonía una pena de diez años de prisión y le insta a pagar 10.000 euros a la víctima en concepto de indemnización por las secuelas psicológicas que le ha producido el abuso.

Tras el mostrador

Los hechos tuvieron lugar entre marzo y abril del 2013. Sobre las 20.45 de la noche, el menor se presentó en la tienda tal y como se lo había pedido esa misma mañana el responsable para así poderle atender con tranquilidad. Usman cerró la puerta de entrada del establecimiento e invitó al niño a pasar a la trastienda. El pequeño aceptó y ambos pasaron a la habitación que se escondía tras el mostrador.

Según el fiscal, una vez dentro, el acusado dirigió a la víctima hasta una mesa situada al entrar a la izquierda en la que había un móvil. Usman le puso las manos sobre la mesa y le pidió que mirara un vídeo pornográfico que se estaba reproduciendo en teléfono. Mientras tanto, el responsable de la tienda le bajó los pantalones y le penetró analmente. Seguidamente y siempre como recoge el Ministerio Público, el imputado cogió al niño del pene y empezó a masturbarse hasta eyacular en su propia mano y se lo enseñó al menor, que estaba paralizado y no sabía cómo reaccionar.

Secuelas

Este episodio en la tienda de móviles dejó numerosas secuelas en la víctima, que empezó a aislarse en sí mismo y a rebotarse con su madre, hermanos y compañeros de clase. Según la fiscalía, el niño se sentía impotente y frustrado por no haber podido evitar el abuso y se autoculpabilizaba de los hechos. Esta situación provocó que el menor cambiara su comportamiento habitual y requiriera tratamiento psicológico.

La fiscalía pide para Usman una condena de diez años de cárcel por un delito de abuso sexual con el agravante de tratarse de una víctima menor de trece años. Además, deberá de indemnizar al pequeño con 10.000 euros por las secuelas.