Emilia T.S. murió el 12 de julio de 2014 en Olot (Girona) a los 97 años. Esta anciana de Barcelona dejó en herencia un legado valorado en tres millones de euros al matrimonio que gestionó su patrimonio durante los últimos veinte años. Tras padecer una neumonía a finales de 2010, un juzgado decretó la incapacidad de la mujer y dejó la tutela en manos de un primo suyo, al sospechar que había algo raro en las cuentas de Emilia. Las primeras comprobaciones revelaron que más de 150.000 euros habían desaparecido.

El caso ha llegado esta semana a la sección novena de la Audiencia Provincial de Barcelona. Maria Àngels D. y Jordi G. han declarado ante el juez acusados de los delitos de estafa continuada y apropiación indebida. El fiscal considera que la pareja se aprovechó de la demencia que padecía Emilia para apoderarse del patrimonio de la anciana, apropiándose de parte de los ingresos de los alquileres que gestionaban y convenciéndola de que les dejara en herencia la mayoría de los pisos que tenía en propiedad. Los imputados han negado los hechos y han asegurado que la mujer era "ininfluenciable" y plenamente consciente de lo que hacía.

Alquileres desaparecidos

Maria Àngels y Emilia se conocieron hace más de cuarenta años. Por entonces, la acusada cursaba COU y venía a visitar a su hermana, que vivía puerta con puerta con la anciana en un edificio de la calle París de Barcelona. La relación entre ambas fue intermitente hasta el año 2.000, cuando la imputada empezó a gestionar la veintena de pisos que tenía en propiedad la víctima. Maria Àngels se encargaba de liquidar los alquileres que cobraba de los arrendatarios e ingresaba la cantidad final en una cuenta que compartía con Emilia.

Fruto de estas gestiones, la fiscalía estima que la acusada se apropió hasta finales del 2010 de unos 155.000 euros. Esta cantidad proviene de la diferencia entre el dinero sobrante tras la liquidación de los alquileres y el total que se ingresaba en la cuenta de la propietaria de los pisos. Maria Àngels ha negado la acusación y ha asegurado ante el tribunal que esa cantidad se reservó para unas obras en uno de los bloques de viviendas que gestionaba.

Alzheimer

Durante ese mismo periodo, Emilia empezó a padecer un proceso de Alzheimer. La enfermedad fue detectada en 2001 y tuvo un avance progresivo hasta finales del 2010, cuando la anciana empeoró considerablemente tras ser ingresada por una neumonía. Sin embargo, al menos dos especialistas que la visitaron ese mismo año antes de que fuera hospitalizada aseguraban que la mujer estaba lúcida y, pese a ser consciente de que necesitaba ayuda para gestionar su patrimonio, tenía muy claro en quién delegaba estas funciones y que era lo que quería hacer con sus propiedades.

"Emilia tenía la capacidad para decidir a quién dejar su patrimonio, pero no podía administrarlo ni comprobar si se habían liquidado correctamente los alquileres", ha apuntado la doctora en psiquiatría Eugenia Valverde, que visitó a la víctima en tres ocasiones durante el 2010. Determinar como de afectadas tenía la memoria y las capacidades de decisión la anciana es esencial para este caso porque entre 2007 y 2010, Emilia realizó cinco testamentos diferentes.

Herederos y donaciones

Según el testimonio de los dos notarios que la atendieron durante estos años, la mujer era muy "inteligente" y, a pesar de su edad, conservaba sus capacidades mentales. Además, siempre que quería hacer un nuevo testamento entraba sola en el despacho y sabía justificar cada uno de los cambios que realizaba de una forma coherente. Sin embargo, el resultado de todas esas modificaciones acabó con los dos acusados como herederos universales del legado de Emilia. 

Maria Àngels i Jordi no solo iban a hacerse con todo el patrimonio de la anciana tras su muerte, sino que también consiguieron que la mujer les donara en vida varios pisos y plazas de aparcamiento que tenía en Barcelona. Pero esta no fue la única ayuda que recibieron los imputados de parte de la víctima. Hasta en tres ocasiones, Maria Àngels entregó un talón de la cuenta que compartía con Emilia a la empresa constructora que se encargaba de las obras en una casa de la familia de la acusada en Sant Mateu de Bages. En total, se entregaron tres cheques por un valor de casi 83.000 euros.

Sospechas

Todo este trasvase de propiedades entre la anciana y los acusados fue el que hizo sospechar al tribunal del Juzgado de Primera Instancia número 58 de Barcelona que algo no cuadraba en las cuentas de Emilia. Por esta razón, el juez valoró las dos demandas de incapacitación que había recibido -por parte de unos familiares de la mujer que residen en Ecuador y por parte de la propia víctima en connivencia con los imputados- y decidió otorgarle la custodia a una tercera rama de la familia: el primo de la anciana.

Las huellas

Emilio T.S. recuperó el contacto con su prima tras casi 25 años sin verse. Ambos se veían una vez al mes hasta principios del 2010, que empezaron a quedar con más frecuencia. Cuando el magistrado le dio la custodia de Emilia y le avisó de sus sospechas, el hombre intentó acceder a las cuentas de la anciana, sin éxito. La mayoría del dinero estaba en una cuenta de Maria Àngels a la que él no podía acceder. Tras conseguir la información que necesitaba y realizar las primeras comprobaciones, Emilio denunció el caso al constatar que al menos faltaban unos 155.000 euros de la liquidación de los alquileres y que en tres años se habían realizado hasta cinco testamentos, todos en favor de los acusados.

El fiscal pide para el matrimonio una pena de ocho años de prisión por los delitos de estafa continuada y apropiación indebida. Por su parte, las defensas demandan que se absuelva a los imputados al considerar que no hubo un "engaño" que constate que se ha producido una estafa y que no se ha podido probar que haya habido apropiación indebida por parte de la pareja.